Dieta para Alzheimer

Contenido del artículo

      • Cuerpos cetónicos y enfermedades neurodegenerativas
      • Dieta cetogénica y Alzheimer
      • Triglicéridos de cadena media para elevar los cuerpos cetónicos
      • Conclusión

    A lo largo de un artículo anterior vimos cómo se desarrollaba el Alzheimer y las causas (o posibles causas) más allá de las conocidas placas amiloides y ovillos neurofibrilares. Te recomiendo leerlo antes de continuar.

    Después de haberlo leído, te habrás dado cuenta de que, en el Alzheimer, rebautizado como la diabetes tipo 3, hay un problema con la resistencia a la insulina y con la oxidación de la glucosa en las neuronas para obtener energía.

    Por tanto, se nos plantea la pregunta de si podemos hacer algo para sortear estos problemas o al menos ralentizar el deterioro en las capacidades mentales que sufren los pacientes con este tipo de demencia.

    A los efectos adversos derivados de los medicamentos, debemos sumar que los fármacos actuales se han demostrado incapaces para prevenir la progresión del Alzheimer, por lo que debemos explorar vías alternativas. La alimentación es una de estas posibles vías.

    Una dieta alta en frutas, verduras, frutos secos, legumbres y pescado azul disminuye enormemente las probabilidades de desarrollar Alzheimer, debido a su alto contenido en compuesto bioactivos, fibra fermentable y omega 3 antiinflamatorio.

    Sin embargo, una vez el Alzheimer está presente, debemos darle una vuelta de tuerca. Debemos diferenciar prevenir de tratar. Surge entonces la figura de los cuerpos cetónicos.

    Los cuerpos cetónicos son un combustible alternativo a la glucosa que aparece en periodos de ayuno o restricción en la ingesta de hidratos de carbono.

    Sabemos que el cerebro, que en condiciones normales es altamente dependiente de la glucosa, puede cubrir alrededor de un 70% de sus necesidades energéticas con los cuerpos cetónicos, por lo elevar sus niveles podría ser una estrategia interesante. Vamos a verlo.

    Cuerpos cetónicos y enfermedades neurodegenerativas

    Las dietas cetogénicas, llamadas así porque producen un aumento de los cuerpos cetónicos, se utilizan desde hace años en el tratamiento de epilepsias infantiles que no responden a medicamentos, con evidentes mejorías en la cantidad e intensidad de las crisis epilépticas.

    Cada vez hay más estudios que demuestran que estos cuerpos cetónicos pueden ayudar en ciertos tumores cerebrales, en migrañas y en el manejo de enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

    Estas mejoras serían a través de mejoras en la producción de energía, inhibición de la hiperexcitabilidad neuronal, aumentos en la concentración de GABA o disminución de la inflamación y de la producción de radicales libres, lo que mejora nuestra capacidad antioxidante.

    Parece claro por tanto que los cuerpos cetónicos son un combustible con efectos muy interesantes para la salud de nuestro cerebro, especialmente cuando hay algo que no funciona bien.

    Dieta cetogénica y Alzheimer

    Las mejoras antes vistas en distintas enfermedades neurodegenerativas abren las puertas al uso de cuerpos cetónicos en la enfermedad de Alzheimer. Ya que el ayuno a largo plazo no es una viable, la dieta cetogénica se presenta como la forma de aumentar los niveles en sangre de cuerpos cetónicos sostenidamente.

    Se ha demostrado que los cuerpos cetónicos son protectores por 2 vías: por un lado, disminuyen la formación de las placas amiloides y disminuyen la neurotoxicidad de estas placas. Por si fuera poco, por el otro parece que potencia la reparación de los daños y la supervivencia neuronal.

    ¿Qué pasa cuando aplicamos una dieta cetogénica a pacientes con Alzheimer? Lo primero que tengo que decir es que hay muy pocos estudios al respecto. Según uno de ellos, de 12 semanas, hay una mejora en la capacidad cognitiva, en la función del día a día y en la calidad de vida. De hecho, más de la mitad de los pacientes manifestaron su voluntad de continuar con ese estilo de alimentación.

    Además, perdieron algo de peso, disminuyeron los triglicéridos, aumentó el colesterol HDL (“el bueno”) y disminuyó los valores de la hemoglobina glicada. Todo esto se asocia con mejor salud cardiovascular.

    Según otro estudio, la dieta cetogénica provocó leves cambios en la microbiota (la flora intestinal), que se tradujeron en una menor producción de lactato (asociada a una mejora de la memoria y de la capacidad cognitiva), y una mayor producción de butirato, que mejora la salud intestinal y tiene un marcado efecto antiinflamatorio y neuroprotector.

    Aunque necesitemos más estudios al respecto, la tendencia es clara. La dieta cetogénica produce una clara mejoría en la capacidad cognitiva del paciente. Sin embargo, también tiene peros.

    El primero de ellos es la adherencia, ya que es un estilo de alimentación restrictivo y que a muchos pacientes puede no gustarle o incluso aburrirle. El segundo problema que podemos encontrarnos son alteraciones en la capacidad de masticar o tragar o alteraciones del gusto o del olfato, comunes en estos pacientes. El 50% de los pacientes llega a necesitar alimentación artificial.

    Finalmente, un tercer problema es la disminución del apetito. La dieta cetogénica puede disminuir el apetito, por eso se utiliza tanto en procesos de pérdida de peso. Los pacientes con Alzheimer ya de por sí suelen perder peso a medida que progresa la enfermedad, por lo que este tipo de dieta podría aumentar la pérdida.

    Una pérdida muy marcada de peso se asocia a mayor riesgo de mortalidad entre estos pacientes. Por el otro lado, el aumento de peso parece que tiene un efecto beneficioso sobre la mortalidad y mejora (muy) levemente la función cognitiva.

    La dieta cetogénica podría causar una pérdida de peso o mostrarse ineficaz por cualquiera de estos 3 problemas. Por tanto, aunque pueda ser útil para algunos, debemos buscar alternativas útiles para toda la población, pero basadas en el mismo principio: la elevación en sangre de los cuerpos cetónicos.

    Triglicéridos de cadena media para elevar los cuerpos cetónicos

    Una tercera vía para elevar los niveles de cuerpos cetónicos en sangre es el uso de aceites que contengan triglicéridos de cadena media. Estos aceites contienen ácidos grasos saturados más cortos de lo habitual. Llegan rápidamente al hígado, donde se metabolizan y provocarán una elevación de los niveles de cuerpos cetónicos.

    De nuevo hay por el momento pocos estudios al respecto, pero son interesantes. En uno de ellos se utilizó 30g diarios de un suplemento con triglicéridos de cadena media. Se registró un aumento de los cuerpos cetónicos y un aumento del metabolismo energético en el cerebro, lo que compensó el déficit energético generado por el daño en el metabolismo la glucosa. Sin embargo, según los propios investigadores se necesitaba una mayor cantidad de cuerpos cetónicos.

    Incluso se han utilizado estos suplementos dentro de una dieta cetogénica, con muy buenos resultados en los test cognitivos, los cuales volvían a los valores iniciales al poco de detener la intervención y volver a la dieta habitual.

    En esta línea, unos investigadores españoles propusieron el uso del aceite de coco, rico en triglicéridos de cadena media, en confluencia con la dieta mediterránea (con una alta cantidad de hidratos de carbono, alrededor de un 55%).

    Los pacientes tomaron una cucharada por la mañana y otra por la noche y se demostró que el aceite de coco efectivamente aumentaba los niveles de cuerpos cetónicos y que mejoraba la función cognitiva de los pacientes con Alzheimer. Lo más importante es que el aceite de coco es una herramienta al alcance de cualquiera.

    Conclusión

    La recomendación para población general es el consumo de una dieta alta en fibra fermentable, compuestos bioactivos y antiinflamatoria. Pero para pacientes con Alzheimer esta no es suficiente. Necesitamos de cuerpos cetónicos, ya que pueden ser un fuerte aliado contra la enfermedad.

    La aplicación de una dieta cetogénica o de suplementos que provoquen un aumento de los niveles de cuerpos cetónicos parecen ser la herramienta para conseguirlo.

    El uso de suplementos de triglicéridos de cadena corta o el aceite de coco (pese a que este último no es tan efectivo a la hora de aumentar los niveles de cuerpos cetónicos) puede ser más realista a la hora de aplicarse a la población general, sin perjuicio de aplicar un estilo de dieta cetogénica a la persona que la tolere adecuadamente.

    En cualquier caso, está claro que los cuerpos cetónicos pueden ser de gran utilidad a la hora de mejorar la salud del paciente con Alzheimer, y debemos estudiar distintas formas de utilizarlos en nuestro beneficio y optimizar su uso. Para eso requerimos de más investigaciones, aunque pienso que no deberíamos esperar para aplicar lo que ya sabemos, pese a que sea imperfecto.

     

    Referencias

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