Diabetes tratamiento. Insulinas. (parte II)

En la entrada anterior os expliqué cómo afectaba tu estilo de vida al control glucémico y al posible surgimiento de complicaciones. Puedes leerla aquí. En esta, hablaré de la insulina y las distintas alternativas que hay en el mercado. Dejaré para una última entrada (esta) los distintos medicamentos utilizados, también llamados antidiabéticos.

Es clave, como dije en la entrada anterior, cambiar nuestro estilo de vida, incluido nuestro patrón de alimentación, y adaptarlo a nuestra situación actual, es decir, a la diabetes. A su vez, debemos considerar el tratamiento farmacéutico como ayuda para sobrellevar la enfermedad, nunca como sustituto de estos cambios que como digo son necesarios.

Respecto al tratamiento farmacéutico, debemos diferenciar entre el tratamiento con insulinas exógenas, necesario en diabéticos tipo 1, algunos tipo 2 avanzados y algunas mujeres con diabetes gestacional que no la controlan con hábitos saludables, y el tratamiento con fármacos antidiabéticos orales, que como ya he dicho veremos en una próxima entrada. Estos son utilizados casi exclusivamente en diabéticos tipo 2, pese a que actualmente se está valorando el uso de alguno de ellos en diabéticos tipo 1 y en mujeres con diabetes gestacional.

No voy a entrar a valorar las dosis aconsejadas ni cuáles se deben administrar en cada caso, puesto que eso debe ser valorado de forma individualizada por el médico correspondiente y no tengo intención ninguna de fomentar la automedicación (reitero, no te automediques). Pero creo que es importante conocer cuáles son las distintas opciones de tratamiento y saber cómo actúan, es decir, su mecanismo de acción.

Comienzo como no podía ser de otra forma con la hormona que trae a los endocrinos y a los diabéticos de cabeza, la insulina. Si quieres saber más sobre dónde esta la raíz del problema entre la insulina y la diabetes, lee esta otra entrada. Aquí voy a hablar sobre las distintas opciones terapéuticas en cuanto a insulina se refiere.

Pero antes, como dicen en un famoso canal de Youtube, vamos a ver un poco de historia.

Historia de la insulina

La insulina fue extraída por primera vez en 1922. Por este hito, los descubridores Frederick Banting y John Macleod recibieron un año después el premio Nobel (aunque cabe decir que Macleod no colaboró demasiado para su descubrimiento, más bien fue un alumno suyo, Charles Best).

En los años posteriores, una vez se aprendió a extraerla de forma eficiente, comenzó su distribución, obtenida del páncreas de animales como la vaca o el cerdo. Su acción era rápida y requería de inyecciones constantes. Desde entonces se han sucedido distintas innovaciones que han aproximado estas insulinas exógenas al funcionamiento fisiológico (es decir, al funcionamiento normal) de la insulina de individuos sanos.

El primer avance tuvo lugar en 1936 y fue la adición a la solución de insulina de la protamina, una cadena proteica que se une a la insulina y ralentiza su absorción en la zona de inyección, dando lugar a las insulinas NPH pocos años más tarde. Así, se convirtió en una insulina de acción intermedia, es decir, cuya acción es prolongada en el tiempo.

Posteriormente, en 1982, se consiguió producir insulina a partir de levaduras y de una bacteria que seguro os suena llamada Escherichia coli. Este fue un gran avance, porque, aunque no supuso una mejora para el control de la glucemia, al dejar de utilizar animales y obtenerla mediante técnicas de ADN recombinante a partir de microorganismos, disminuyeron enormemente las reacciones alérgicas a la insulina y la lipoatrofia que aparecía en las zonas de inyección.

Es así, en resumen, como llegamos a las insulinas utilizadas hoy en día.

Insulina endógena

Para entender cómo funcionan las insulinas exógenas, debemos entender (aunque de forma resumida) como funciona nuestra propia insulina, es decir, la insulina endógena.

Los humanos tenemos un órgano llamado páncreas donde hay unas células, llamadas células β, que se encargan de producir y liberar insulina. Esta saldrá del páncreas y realizará una primera parada en el hígado, para de ahí salir a la circulación sanguínea y por tanto a todo el organismo.

Un individuo sano siempre presenta cierto valor de insulina en sangre (o insulina basal). En condiciones de ayuno, u horas después de una ingesta, los niveles de insulina en sangre serán bajos,  normalmente entre 3.6 y 10.8 mUI/L (o 25-70 pmol/L).

Tras una ingesta, en respuesta especialmente a los niveles de glucosa, aunque también a los de proteína, los niveles de insulina en sangre se elevan hasta valores de entre 43 y 115 mUI/L (o 300-800 pmol/L). Como vemos la diferencia es abismal.

Esta elevación de la insulina es necesaria para dar la señal a todas las células del organismo de que es hora de alimentarse, atrapando esos nutrientes que nos ha aportado la ingesta de comida. Pasaremos por tanto de una ligera hiperglucemia (debido a la ingesta de alimentos) a una normoglucemia (valores normales de glucosa en sangre ya que las células han captado este exceso de glucosa).

Al captarse la glucosa y bajar hasta valores normales, el páncreas dejará de liberar insulina y esta volverá a sus niveles basales. Este es el funcionamiento fisiológico de la insulina, y el que intentarán imitar las distintas estrategias de inyección de insulina.

Insulina exógena

Como habrás adivinado, existen insulinas de varios tipos con la intención de emular las acciones de la insulina endógena (aquella que tienen los individuos sanos). Estos son los tipos utilizados actualmente:

  • Insulinas basales (de acción prolongada).
  • Insulinas de acción intermedia.
  • Insulinas de acción rápida.
  • Insulinas de acción corta.
  • Insulinas mixtas.

Insulinas basales o insulinas de acción prolongada

Dentro de estas podemos diferencias entre las de primera y de segunda generación.

Las de primera generación son Glargina 100 y Detemir. Algunas marcas comerciales, que quizá os suenen más, son Abasaglar®, Lantus® o Opticlik® para la glargina, y Levemir® para la detemir.

La duración de la acción de ambas llega a sobrepasar las 24h, debido a una absorción muy lenta que produce un muy bajo pico de concentración de la insulina en sangre. Por ello son insulinas ideales para actuar como basal, es decir, para asegurar una concentración mínima de insulina en sangre durante todo el día. Por ello, suelen inyectarse una o como mucho dos veces al día.

Por sus características, produce menos hipoglucemias que las insulinas de acción intermedia que verás a continuación y menos ganancia de peso, por lo que hoy en día las están desplazando.

Con el tiempo se desarrollaron las insulinas basales de segunda generación, cuya acción es muy similar, igual que su control sobre la glucemia, aunque parece que disminuyen aún más el riesgo de hipoglucemias debido a su perfil de absorción aún más plano que el anterior. Estas son Glargina 300 y Degludec, comercializadas bajo el nombre de Toujeo® la primera y de Tresiba® la segunda.

Insulinas de acción intermedia

A estas pertenecen la insulina NPH, utilizadas durante muchos años para asegurar cierto nivel de insulina en sangre hasta la aparición de las insulinas basales, que como he comentado las han ido desplazando. Pese a todo, se siguen utilizando, muchas veces en forma de mezcla como veremos. Se comercializa por ejemplo bajo el nombre de Humulina NPH® o Insulatard®.

Insulinas de acción rápida

Estas son Lispro, Asparta y Glulisina, comercializadas bajo el nombre de Humalog®, Novorapid® o Apidra® respectivamente.

Su finalidad y mecanismo de acción es distinta a las anteriores. Así como en las insulinas previas la intención era la de mantener unos niveles de insulina mínimos, en este caso lo que se pretende es generar un pico de insulina alto que disminuya las hiperglucemias tras la ingesta, emulando la liberación de insulina normal que se produce cuando acabamos de comer.

Por tanto, tras la inyección de este tipo de insulinas, habrá un alto pico de insulina en sangre debido a una rápida absorción, e igual de rápida descenderán los niveles de insulina, evitando hipoglucemias reactivas.

De forma similar a las insulinas basales de segunda generación, se ha aprobado el uso de una versión mejorada más rápida de la insulina Asparta, que podríamos llamar de “segunda generación”. Se comercializa bajo el nombre de Fiasp®. Esta aparece de forma más prematura en circulación, y sus niveles decaen también más rápidamente que en las tres anteriores.

Insulinas de acción corta

Se llama insulina regular, se obtiene a partir de la bacteria Escherichia Coli nombrada anteriormente y es idéntica a la insulina humana. Es la insulina de elección a la hora de inyectarla de forma intravenosa (las anteriores, como sabéis, se inyectan de forma subcutánea).

Las insulinas de acción rápida inyectadas de forma subcutánea actúan, aunque parezca mentira, de una forma más fisiológica que la insulina humana o regular inyectada de forma subcutánea. Esta tarda unos 30 minutos en absorberse. No obstante, en ocasiones se utiliza por razones económicas o en personas con enlentecimiento en el vaciado estomacal.

Insulinas pre-mezcladas

Estas nacen la combinación de insulinas NPH con insulina regular o de insulinas NPH con insulinas de acción rápida, con el fin de prolongar la acción insulínica. Suelen utilizarse en diabéticos tipo 1 o tipo 2 que aún pueden liberar cierta cantidad de insulina endógena residual.

Conclusión

Como vemos, podemos escoger entre muchas y variadas estrategias para mantener en rango los niveles de insulina en sangre y evitar tanto hiperglucemias como hipoglucemias.

No obstante, como imaginarás, no alcanzan a llevar a cabo el trabajo que nuestra insulina endógena realiza a la perfección. Por eso, remarco la importancia de los hábitos alimentarios y del estilo de vida, con el objetivo de disminuir el requerimiento de insulina exógena y de mantener unos niveles de glucosa óptimos en sangre que eviten o ralenticen el desarrollo de complicaciones y nos permitan vivir con la máxima calidad de vida posible

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