Dieta para diabetes tipo 1

La pregunta que un diabético tipo 1 se plantea una y otra vez es: ¿Cómo debería comer?

Obviamente, la respuesta no es única, y va a depender del contexto de cada uno, de ahí la importancia de la individualización. Cada paciente presentará unas características, unos gustos, unas necesidades y un ambiente distinto, por lo tanto, esta pregunta no puede ni debe tener una respuesta más allá de “depende”.

Por tanto, me es imposible hacer una generalización para todo el mundo. No obstante, sí puedo entrar en características comunes que, más o menos fielmente, debería seguir un diabético tipo 1.

Estas características son:

  1. Ingesta energética adecuada
  2. Alimentos de baja carga glucémica
  3. Reducir el aporte de hidratos de carbono: dieta “low carb”.

 

Ingesta energética adecuada para un diabético tipo 1

La ingesta energética necesaria para un diabético tipo 1 dependerá de cada persona, de su altura, masa muscular, actividad diaria, ejercicio físico, y un largo etcétera.

En resumen, la ingesta energética adecuada será aquella que nos permita mantenernos con un porcentaje de grasa corporal de entre un 10% y un 15% en hombres, y un 15 y un 20% en mujeres. Esto sirve tanto para diabéticos como para adultos sanos.

Por desgracia, lo que veo (y seguramente tú también) en el día a día es que no se cumplen estos porcentajes, y el sobrepeso y la obesidad son demasiado frecuentes.

La obesidad es cada vez más común en diabéticos tipo 1. Esta obesidad tiene consecuencias negativas en la salud, como potenciar los fenómenos de estrés oxidativo y disfunción mitocondrial (spoiler, esto no es bueno) que ya de por sí están presentes en diabéticos tipo 1. Además, fomenta la aparición de la ya archiconocida (espero) resistencia a la insulina, presente en diabéticos tipo 2.

Esta resistencia a la insulina provoca un aumento en la frecuencia de hiperglucemias y de hipoglucemias, empeorando el control glucémico y requiriendo cantidad de insulina inyectada cada vez superior (de nuevo, esto no es bueno).

Sabemos que, a mayor cantidad de insulina inyectada, peor pronóstico y mayor probabilidad de complicaciones relacionadas con la diabetes.

Para contrarrestar esta obesidad e intentar bajar de peso, muchas personas (más frecuentemente mujeres) se inyectan menos insulina de la necesaria, lo que causa unos niveles altísimos de glucosa en sangre y un empeoramiento de la salud global, aumentando enormemente la probabilidad de complicaciones como neuropatía diabético, nefropatía o enfermedad cardiovascular.

Este es un error que no podemos permitirnos. No te inyectes menos insulina de la necesaria. Estás poniendo en peligro tu salud.

En lugar de esto, lo que hay que hacer es acudir a un profesional, al nutricionista, que está para ayudarte a conseguir tu objetivo de la forma más saludable posible, sin provocar hiperglucemias ni caer en dietas ni productos milagro.

En el lado contrario, tenemos a los niños diabéticos, que en muchas ocasiones, debido al miedo de los padres a hiperglucemias cuando no están ellos o a simple desconocimiento, no les aportan la comida que necesitan. Debemos aportar a los niños diabéticos energía suficiente para el crecimiento, ya que se han reportado casos donde una ingesta insuficiente lastra el crecimiento del niño.

 

Alimentos de baja carga glucémica

Los alimentos de baja carga glucémica mejoran el control de los niveles de glucosa a medio y largo plazo en el paciente diabético.

Al tener una mayor cantidad de fibra y una menor cantidad de hidratos de carbono, la subida de glucosa tras la ingesta es más suave, lo que no solo disminuye la frecuencia de hiperglucemias y los picos de hambre, sino que además disminuyen las necesidad de insulina.

Te recomiendo encarecidamente que leas esta entrada donde hablé sobre el índice glucémico y la carga glucémica, para que tú tengas más y mejor información y para que yo no me repita.

Sí quiero repetir la conclusión de aquella entrada: busca alimentos con alta cantidad de fibra y un bajo aporte de hidrato de carbono, lo que nos lleva al siguiente punto.

 

Dieta baja en hidratos para diabéticos tipo 1

Es en este punto donde voy a detenerme un poco más. La evidencia científica que respalda este patrón de alimentación en diabéticos aumenta mes a mes. Pero antes de empezar a hablar sobre ella, vamos a ver un poco de historia.

Previamente a la aparición de la insulina, la única forma de tratar a los diabéticos era con dietas de ayuno y sin hidratos. Esto se mantuvo tras la invención de la insulina. Pero con las mejoras en este, y sobre todo tras los nuevos mensajes oficiales, que ponían el foco en la grasa de los alimentos como culpable de todos los males, en especial la grasa saturada, se pasó a recomendar a todos los diabéticos entre un 50 y un 65% de hidratos de carbono en la dieta.

Lejos de mejorar, pese a los avances tecnológicos y de cuidados para los diabéticos, los valores de la hemoglobina glicada de la población diabética empeoran año a año (que te recuerdo es la mejor variable para analizar el control glucémico a medio plazo). Esto quiere decir que algo no estamos haciendo bien.

Y yo te pregunto: teniendo en cuenta que este tipo de pacientes no tiene insulina, y que donde más necesaria es esta hormona es para gestionar los hidratos de carbono, ¿crees que es de sentido común recomendar estas grandes cantidades? Más sin tener en cuenta si la persona es deportista o sedentaria, joven o anciana.

Yo pienso que no. Y aquí es donde entran en el campo de juego este tipo de alimentación. Por definición, una dieta baja en carbohidratos es aquella con un aporte menor de 130g de hidratos de carbono al día (o <26% de la energía diaria total). Si la llevamos al extremo, tenemos la dieta muy baja en hidratos de carbono, cuyo aporte diario estará entre 20 y 50g de hidratos de carbono (<10% de la energía diaria total).

En este patrón alimentario, priorizaremos las verduras, frutas con pocos azúcares, carnes, pescados, huevos, lácteos, frutos secos y semillas. Moderaremos el consumo del resto de frutas, tubérculos, legumbres y cereales integrales. Y eliminaremos de nuestro día a día los azúcares y las harinas refinadas. Algo así:

Sí, te entiendo. Justo ahora estarás pensando en aquel endocrino que te dijo que debías basar tu dieta en cereales, frutas y tubérculos y reducir el consumo de grasas y preguntándote quién tiene razón.

Te lo demuestro. Se realizó un estudio en 30 diabéticos (10 tipo 1 y 20 tipo 2) que seguían un dieta muy baja en hidratos (o dieta cetogénica) durante año y medio. ¿Los resultados? La hemoglobina glicada se redujo en casi un 30%, el colesterol LDL (el “malo”), en un 16.5%, el colesterol HDL (el “bueno”) aumentó en más de un 40% y los triglicéridos se redujeron en más de un 30%. Todo esto reduciendo además la dosis de insulina necesaria y sin ningún caso reportado de hipoglucemia severa.

¿No te lo crees? Te presento otro estudio, llevado en 48 diabéticos que seguían una dieta baja en hidratos de carbono (<75g/d) durante 4 años. La hemoglobina glicada descendió de 7.7 a 6.4% en aquellos que seguían la dieta, en cambió aumentó desde 6.5 a 7.4% en aquellos que la abandonaron.

Aquí te adjunto una captura de pantalla de los niveles de glucosa en uno de los sujetos antes y después de seguir una dieta baja en hidratos de carbono.

Como ves, disminuyen de una manera brutal las fluctuaciones en los niveles de glucosa y estos permanecen estables y moderados a lo largo del tiempo. También disminuyó el colesterol total y aumentó el colesterol HDL.

De hecho, en el lado contrario, hay varios estudios que han demostrado un empeoramiento de la hemoglobina glicada al aumentar la ingesta de hidratos de carbono.

Por tanto, la ventaja de dietas bajas en hidratos respecto a dietas altas en hidratos en el paciente diabético es real, y debe ser tenida en cuenta y utilizada en nuestro propio beneficio.

 

Ventajas y desventajas de la dieta baja en hidratos de carbono

Los diabéticos suelen ser poco precisos a la hora de estimar la cantidad de hidratos de una comida para calcular la cantidad de insulina a inyectar. Esto conduce a fluctuaciones en los niveles de glucosa y un sinfín de correcciones.

Al reducir la cantidad de hidratos facilitamos el cálculo, disminuyendo el margen de error en la dosis de insulina inyectada y evitando estas fluctuaciones y posteriores correcciones. Esta es la primera ventaja.

Esto podemos verlo en los estudios a medio y largo plazo, que muestran una mejora de los valores de la hemoglobina glicada, con cambios tan espectaculares como una disminución de esta hasta un 5.3%. Además, también se reduce la cantidad de insulina que necesitamos inyectar con cada comida.

Sabemos que dosis altas de insulina inyectada aumentan la resistencia a la insulina, el estrés oxidativo, la acumulación de grasa ectópica y la disfunción mitocondrial. Por ello, cuanta menos necesitemos, mejor.

En un estudio se compararon 2 grupos. El primero ingería <100g de hidratos al día, el otro >250g diarios. No solo el primer grupo presentó una menor variabilidad glucémica, es que además estuvo menos tiempo en hipoglucemia.

Pasemos ahora a las desventajas. Estas es más fácil que aparezcan al intentar una dieta muy baja en hidratos que en una simplemente baja en hidratos, debido a su más marcado carácter restrictivo. Al cambiar el patrón nutricional y eliminar ciertos alimentos, nos exponemos al déficit en ciertos micronutrientes como el calcio o el hierro.

También a un abuso de algunas grasas saturadas como sustitutas de los hidratos que hemos eliminado. Aquí quiero hacer un paréntesis, y es que no todas las grasa saturadas son iguales. Algunas son saludables, como las de cadena corta o media. Las grasas saturadas de cadena larga generan mucha controversia y en general salen malparadas en los estudios. Por eso es fundamental contar con un profesional que nos asesore durante esta transición, ya que bien llevada lo que ocurre es lo contrario.

Por otro lado, una dieta muy baja en hidratos de carbono puede elevar los cuerpos cetónicos (cetosis) lo cual es saludable. Sin embargo, en algunos casos podría llegar a provocar una cetoacidosis (esto ya es peligroso), pese a que los estudios, como el citado anteriormente de 18 meses, no muestran un aumento en los casos de cetoacidosis.

Esto deberíamos tenerlo en cuenta sobre todo en pacientes que tomen inhibidores de SGLT2. (Si quieres leer más sobre antidiabéticos orales, pincha aquí).

Finalmente, otra de sus desventajas es que, si no se planifica bien, puede llevar a una ingesta energética por debajo de nuestras necesidades. Esto es especialmente preocupante en niños, que requieren de suficiente energía para un crecimiento y desarrollo adecuado. Por eso, de nuevo, si eres diabético o tienes un hijo diabético, acude a un nutricionista que te ayude en tu día a día.

 

Conclusión

La primera conclusión que debes extraer es la de acudir a un nutricionista que te asesore con tu alimentación. La segunda, que adecues tu ingesta energética a tus necesidades, y que mantengas unos niveles de grasa corporal saludables.

Mi consejo es que sigas una alimentación baja en hidratos de carbono. No es necesario restringir su ingesta hasta niveles de una dieta cetogénica, entre otras cosas por la baja adherencia que genera, aunque esto depende de ti.

Cuida que los hidratos que incluyas en tu alimentación sean de baja carga glucémica, con un alto aporte de fibra y un aporte moderado de hidratos de carbono.

 

 

Referencias:

EVERT, Alison B., et al. Nutrition therapy for adults with diabetes or prediabetes: a consensus report. Diabetes care, 2019, vol. 42, no 5, p. 731-754.

SCOTT, Sam N., et al. Carbohydrate restriction in type 1 diabetes: a realistic therapy for improved glycaemic control and athletic performance?. Nutrients, 2019, vol. 11, no 5, p. 1022.

DE BOCK, Martin, et al. Endocrine and metabolic consequences due to restrictive carbohydrate diets in children with type 1 diabetes: an illustrative case series. Pediatric diabetes, 2018, vol. 19, no 1, p. 129-137.

O’NEILL, Daniel F.; WESTMAN, Eric C.; BERNSTEIN, Richard K. The effects of a low-carbohydrate regimen on glycemic control and serum lipids in diabetes mellitus. Metabolic syndrome and related disorders, 2003, vol. 1, no 4, p. 291-298.

NIELSEN, Jørgen Vesti, et al. Low carbohydrate diet in type 1 diabetes, long-term improvement and adherence: A clinical audit. Diabetology & metabolic syndrome, 2012, vol. 4, no 1, p. 1-5.

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