Cómo prevenir la diabetes

Contenido del artículo

      • Cómo prevenir la diabetes tipo 1
      • Cómo prevenir la diabetes tipo 2
      • Cómo prevenir la diabetes tipo gestacional
      • Conclusión

Como ya sabrás a estas alturas, hay distintos tipos de diabetes. Las causas del desarrollo de cada una son distintas, aunque podamos encontrar puntos en común que verás a continuación.

Hoy en día la incidencia de todos los tipos diabetes está disparada, especialmente de diabetes tipo 2. La aparición de estas enfermedades supone una merma importante en la salud del paciente, tanto a corto como medio y largo plazo, y predispone al desarrollo de complicaciones que pueden poner en peligro la vida del paciente diabético.

Por ello, tan importante (o más) como tratar la enfermedad y sus síntomas, es saber si podemos prevenir su aparición y cómo hacerlo en el caso de que esté en nuestra mano. La investigación en este campo es clave, ya que prevenir la diabetes salvaría millones de vidas cada año.

Cómo prevenir la diabetes tipo 1

La diabetes tipo 1 es una enfermedad de tipo autoinmune, y aunque todo apunta a que el ambiente tiene gran parte de la culpa en su aparición, y hay algunos factores que muestran gran relación, en la actualidad no sabemos exactamente cómo prevenirla.

No obstante, si hay aspectos que podemos tener en cuenta, como la edad de introducción del gluten (no antes de los 4 meses ni más tarde de los 6) o el exceso en la ingesta de lácteos de vaca en la infancia.

Otro factor a tener en cuenta es la higiene. La incidencia de diabetes tipo 1 es mucho mayor en países desarrollados que en países pobres, diferencias que no se explican por la diferencia genética. Se especula que el exceso de higiene y una menor tasa de infecciones conducen a un sistema inmune débil y proclive a las alergias y las enfermedades autoinmunes.

De hecho, se ha demostrado en un estudio que reemplazar el asfalto por vegetación natural en las áreas de juego de los niños y la exposición a alérgenos comunes como son el polvo, la suciedad y el polen, conducen a un sistema inmune más fuerte. Vivir en el campo, cerca de plantas y animales protege contra el desarrollo de alergias o asma.

Actualmente se están probando terapias de introducción de parásitos o bacterias para el tratamiento de enfermedades autoinmunes. Por ejemplo, el gusano Necator americanus para tratar la celiaquía, o un ejemplo que nos atañe más, el empleo del gusano Heligmosomoides polygyrus para prevenir la diabetes tipo 1 en ratones predispuestos o su gravedad cuando la enfermedad ya ha aparecido.

Otro de los factores que parecen proteger del desarrollo de la diabetes tipo 1 son altos niveles de vitamina D (su déficit se relaciona con todas las enfermedades autoinmunes). La vitamina D, más una hormona que una vitamina, tiene una marcada acción inmunoreguladora.

Por otro lado, se ha observado que los linfocitos expuestos a la luz azul del mediodía (casualmente la que activa la síntesis de vitamina D) modifican su actividad mejorando la respuesta inmune.

En un estudio realizado en España, el 73% de los niños mostraban niveles insuficientes de vitamina D. Por tanto, no es cosa de unos pocos. Algo tan sencillo como una exposición solar moderada y progresiva desde pequeñitos (obviamente sin pantallas ni protectores solares) puede ser una herramienta eficaz para evitar el desarrollo de la enfermedad autoinmune.

Finalmente, el parto natural y la lactancia materna son fuentes de probióticos que mejoran la salud del bebé y su sistema inmune. La exposición a alérgenos comunes también lo refuerza y reduce la probabilidad de desarrollar alergias.

A medida que el bebé crezca, es necesaria una alimentación rica en probióticos y prebióticos, ya que una microbiota diversa es un factor protector importantísimo contra el desarrollo de la enfermedad autoinmune.

Cómo prevenir la diabetes tipo 2

Si has leído la entrada sobre cómo se desarrolla la diabetes tipo 2 (lo cual te recomiendo), tendrás claro que la causa. Si no, te escribo aquí un breve resumen.

La diabetes tipo 2 aparece por agotamiento (y muerte) de las células β del páncreas, ya que tienen que liberar más insulina de la normal debido a la resistencia a la insulina crónica que padece el paciente. Esta, a su vez, es causada principalmente por el exceso de grasa visceral, aunque pueden intervenir otros factores que también causan intolerancia a la glucosa como el estrés o la disrupción de los ritmos circadianos.

Resulta cuanto menos curioso, si no preocupante, saber que la diabetes tipo 2 es virtualmente inexistente en las sociedades ancestrales que hoy en día todavía habitan nuestro planeta.

Son sociedades que viven de la caza o pesca y recolección en su mayoría, aunque también hay alguna que se dedica en exclusiva a la ganadería o a la agricultura. Se hallan en distintos lugares a lo ancho del planeta tierra, por lo que sus hábitos y su alimentación varía de una sociedad a otra, pero hay distintos puntos que tienen en común.

Estas sociedades tienen una vida mucho más activa que las occidentales, incluso para sentarse (sus posiciones de sentado involucran una tensión y contracción muscular más prolongada y se interrumpen y cambian de posición continuamente, ya que no tienen acceso a cómodos sofás o colchones).

Pasan mucho más tiempo moviéndose a intensidades bajas, y también más tiempo en intensidades altas o moderadas. Para ellos el sedentarismo no es una opción.

Por otro lado, su alimentación se basa en aquello a lo que tienen acceso, siempre de proximidad y de temporada, obviamente en su menú no entran los ultraprocesados ni arándanos de Perú, a no ser que vivan en el propio Perú.

Hay un largo etcétera de diferencias en sus hábitos, rutinas y costumbres, pero no quiero aburriros. Lo importante es estos desembocan en unos bajos niveles de grasa acumulada (también de estrés o de disrupción circadiana) y una buena sensibilidad a la insulina. Es por ello por lo que apenas hay casos de diabetes tipo 2 en estas poblaciones.

Si sabes leer entre líneas, ya te habrás dado cuenta de cómo prevenir la diabetes tipo 2. Simple y llanamente debemos parecernos un poco más a ellos. Debemos comer mejor, priorizando alimentos que podemos encontrar en la naturaleza, conocidos hoy en día por el sobrenombre “realfood”, especialmente de temporada y de proximidad (ya que minimizamos la pérdida de nutrientes durante la conservación del alimento, además de dar favorecer el bolsillo de nuestros vecinos y disminuir el impacto ambiental).

Además, debemos movernos en cantidad y en calidad, asegurándonos de entrenar fuerza al menos un par de veces a la semana y teniendo como base el ejercicio de baja intensidad (andar) aplicado a diario.

Si somos activos y comemos como nuestro organismo y nuestra genética esperan, será difícil que desarrollemos resistencia a la insulina y acumulemos grasa en exceso.

A esto debemos sumarle una adecuada gestión del estrés (pasar 2h a la semana caminando por la naturaleza tiene efecto antihipertensivo, antidepresivo y ansiolítico) y unos horarios saludables desde el punto de vista de la cronobiología. Una adecuada sincronización de los ritmos circadianos nos ayudará también a dormir mejor.

El insomnio es otro factor de riesgo para el desarrollo de la diabetes tipo 2, ya que empeora la tolerancia a la glucosa y nubla nuestro juicio a la hora de elegir alimentos saludables. Finalmente, si también evitamos el tabaquismo y el alcoholismo, tenemos pocas papeletas para desarrollar la enfermedad.

Si llegas tarde a esto, y ya padeces de diabetes tipo 2, te conté cómo revertirla. Obviamente, el proceso requerirá de algo más de esfuerzo y adherencia por tu parte, pero pienso que tu salud lo merece.

Cómo prevenir la diabetes gestacional

Igual que en el caso de la diabetes tipo 2, la diabetes gestacional tiene actualmente una mayor incidencia que nunca. Más del 50% de los casos tienen que ver con el sobrepeso y la obesidad de la madre gestante, por lo que los consejos del apartado anterior también son aplicables para prevenir la diabetes gestacional en un gran número de casos.

Disminuir los niveles de grasa acumulados previamente al embarazo o (si llegamos tarde) durante los primeros meses de este es una estupenda manera de reducir las probabilidades de que aparezca la patología, o al menos de disminuir la gravedad.

De todos modos, una vez ha aparecido, en la mayoría de casos (70-85%) se consiguen controlar los niveles de glucosa simplemente con un cambio de hábitos, tanto en la dieta como en la actividad diaria, además de ciertas rutinas que podemos establecer.

Eso sí, debemos ser conscientes que altos niveles de grasa en la madre o el desarrollo de diabetes gestacional durante el embarazo predispone al bebé al desarrollo de sobrepeso u obesidad y de diabetes en el futuro. Por eso, como dice el dicho, mejor prevenir que curar.

Conclusión

Cómo habrás visto, hay puntos en común en la prevención de los distintos tipos de diabetes. Entre ellos, evitar el sobrepeso y la obesidad es quizá el más importante, pero no el único.

El contacto con la naturaleza y otros métodos para enriquecer nuestra microbiota y fortalecer nuestro sistema inmune parecen tener también su hueco en estos hábitos que favorecen nuestra salud y alejan la enfermedad.

 

Referencias:

ROSLUND, Marja I., et al. Biodiversity intervention enhances immune regulation and health-associated commensal microbiota among daycare children. Science advances, 2020, vol. 6, no 42, p. eaba2578.

DIAMOND PROJECT GROUP. Incidence and trends of childhood Type 1 diabetes worldwide 1990–1999. Diabetic Medicine, 2006, vol. 23, no 8, p. 857-866.

EGE, Markus J., et al. Exposure to environmental microorganisms and childhood asthma. New England Journal of Medicine, 2011, vol. 364, no 8, p. 701-709.

CROESE, John; GAZE, Soraya T.; LOUKAS, Alex. Changed gluten immunity in celiac disease by Necator americanus provides new insights into autoimmunity. International journal for parasitology, 2013, vol. 43, no 3-4, p. 275-282.

LIU, Qian, et al. Helminth infection can reduce insulitis and type 1 diabetes through CD25-and IL-10-independent mechanisms. Infection and immunity, 2009, vol. 77, no 12, p. 5347-5358.

PHAN, Thieu X., et al. Intrinsic photosensitivity enhances motility of T lymphocytes. Scientific reports, 2016, vol. 6, no 1, p. 1-11.

MARTÍNEZ REDONDO, Inés, et al. Deficiencia de vitamina D en niños aragoneses sanos. Nutrición Hospitalaria, 2018, vol. 35, no 4, p. 782-788.

GEHRING, Ulrike, et al. Exposure to endotoxin decreases the risk of atopic eczema in infancy: a cohort study. Journal of allergy and clinical immunology, 2001, vol. 108, no 5, p. 847-854.

DEDRICK, Sandra, et al. The role of gut microbiota and environmental factors in type 1 diabetes pathogenesis. Frontiers in endocrinology, 2020, vol. 11, p. 78.

YUAN, Shuai; LARSSON, Susanna C. An atlas on risk factors for type 2 diabetes: a wide-angled Mendelian randomisation study. Diabetologia, 2020, vol. 63, no 11, p. 2359-2371.

PONTZER, Herman; WOOD, Brian M.; RAICHLEN, David A. Hunter‐gatherers as models in public health. Obesity Reviews, 2018, vol. 19, p. 24-35.

RAICHLEN, David A., et al. Sitting, squatting, and the evolutionary biology of human inactivity. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2020, vol. 117, no 13, p. 7115-7121.

OCHIAI, Hiroko, et al. Physiological and psychological effects of forest therapy on middle-aged males with high-normal blood pressure. International journal of environmental research and public health, 2015, vol. 12, no 3, p. 2532-2542.

MCINTYRE, H. David, et al. Gestational diabetes mellitus. Nature reviews Disease primers, 2019, vol. 5, no 1, p. 1-19.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú
Call Now Button