Colesterol LDL y enfermedad cardiovascular

Contenido del artículo

      • ¿Qué es el colesterol LDL?
      • ¿Por qué se relaciona LDL con la enfermedad cardiovascular?
      • Bajar el colesterol como solución
      • La clave está en el tamaño de LDL
      • Conclusión

Cuando escribí el artículo sobre la dislipemia (el cual te recomiendo leer antes de continuar), te dije que pronto te hablaría del colesterol LDL. No he podido esperar más.

¿Qué es el colesterol LDL?

Cuando hablamos de colesterol LDL, hablamos de una lipoproteína que transporta triglicéridos y sobre todo colesterol para cubrir las necesidades de colesterol de las células del cuerpo.

Por hacer una similitud, la lipoproteína LDL sería como el barco sale del puerto de Buenos Aires con mercancías, y hace parada en Cádiz, Cartagena, Valencia, Barcelona para suministrarlas en varios lugares.

Como te conté, el hígado genera unas lipoproteínas llamadas VLDL, cargadas de triglicéridos y algo menos de colesterol, para suministrar al cuerpo. A medida que VLDL va descargando triglicéridos a las células va reduciendo su tamaño, dando lugar a unas lipoproteínas intermedias llamadas IDL para más tarde dar lugar a las LDL a medida que se sigue descargando.

Poco a poco, estas LDL van a ir cediendo su contenido a las células, e irán reduciendo su tamaño. Por ello clasificamos las lipoproteínas LDL según su tamaño, siendo LDL1 la más grande y LDL5 la más pequeña.

LDL tiene además un papel muy relevante contra las infecciones, aunque esto lo veremos en otro artículo, que este ya es suficientemente extenso. Por tanto, como te habrás dado cuenta, LDL es una lipoproteína que siempre ha estado con nosotros, además con una serie de funciones importantísimas, por lo que es necesaria para la vida. Esto es indiscutible. Lo que sí podemos discutir es su implicación en la enfermedad cardiovascular.

¿Por qué se relaciona LDL con la enfermedad cardiovascular?

Todo comenzó tras detectarse LDL en las placas ateroscleróticas. Es decir, se vio que las partículas LDL se acumulaban en las paredes de las arterias, pudiendo llegar a obstruirlas.

¿Por qué sucede esto? Te explico. A medida que LDL va captando radicales libres, debido a malos hábitos, una infección, etc., se va oxidando (y glicando si hay hiperglucemias. Hola, diabetes).

Este proceso es algo más complejo, e intervienen cambios en la carga eléctrica de LDL y una capa llamada glicocáliz, pero no quiero irme por las ramas. Vamos a lo importante.

Estas LDL oxidadas y glicadas no son detectadas por los receptores hepáticos encargados del reciclaje (eliminación) de LDL. Así estas lipoproteínas dañadas circularán por la sangre durante más tiempo, acumulando cada vez más y más procesos oxidativos y reduciendo su tamaño al ir cediendo colesterol mientras tanto.

De hecho, las formas más pequeñas, como LDL4 y sobre todo LDL5, son las más aterogénicas de LDL. Cuanto más pequeñas sean las lipoproteínas, con mayor facilidad atravesarán la capa interna de las arterias (endotelio) y se depositarán en su interior. Las partículas LDL oxidadas son las únicas lo suficientemente pequeñas como para atravesar el endotelio.

Sin embargo, y a modo de paréntesis, este endotelio debe estar dañado previamente para que estas partículas puedan atravesarlo. ¿Por qué se daña este endotelio? Pues como consecuencia de la inflamación, el exceso de radicales libres y la hiperglucemia crónica.

Una vez atravesado el endotelio serán atrapadas por los macrófagos y degradadas. Como resultado, los macrófagos se llenarán de colesterol, originando células espumosas que se van atrayendo entre sí y acumulando. Finalmente, provocarán las ya conocidas placas de ateroma.

Bajar el colesterol como solución

Te voy a poner varios ejemplos. En un estudio, se observó que unos niveles de colesterol total y de LDL bajos se asociaban a un mayor riesgo de comorbilidades, enfermedad cardiovascular y mayor mortalidad en población anciana. Además, niveles bajos de LDL se asociaban con más riesgo de infección y de mortalidad por cáncer. Por tanto, parece que unos niveles mínimos son necesarios para mantener una buena salud y disminuir la mortalidad.

En este otro estudio, tras aplicar dieta mediterránea a la muestra se redujo un 76% el riesgo de eventos cardiovasculares, pese a que el colesterol LDL se elevó.

Finalmente, en un estudio realizado en casi 137.000 pacientes hospitalizados con enfermedades coronarias, aproximadamente la mitad de ellos mostraban unos niveles de colesterol LDL por debajo de 100 mg/dL, y más de la mitad mostraban niveles de HDL por debajo de 40 mg/dL.

Esto nos hace pensar que, a la hora de valorar el riesgo cardiovascular, únicamente tener en cuenta los niveles de colesterol LDL va a fallar más que una escopeta de feria. De hecho, según un estudio la utilidad clínica de la medición de colesterol LDL es cero. Sin medias tintas.

Para terminar, un estudio donde los niveles de colesterol LDL y su relación con la mortalidad cardiovascular, mortalidad por cáncer y mortalidad por el resto de las causas se dibujaba en forma de U. Es decir, que la mortalidad por todas las causas era menor cuando los niveles de colesterol LDL estaban en un valor intermedio, ni bajos ni altos.

Fuente: Association between low density lipoprotein and all cause and cause specific mortality in Denmark: Prospective cohort study.

La clave está en el tamaño de LDL

Te habrás dado cuenta de que el problema no es la lipoproteína LDL en sí, sino los cambios que sufre debido a un cambio en las circunstancias. Normalmente, este cambio son una serie de hábitos nuestros que causan su oxidación y glicación y desencadenan el proceso.

En esta línea, un estudio observó que la asociación entre LDL y enfermedad cardiovascular fue máxima al analizarla por tamaño de partícula y no por LDL total. Es decir, que si en lugar de tener en cuenta los valores de LDL tenemos en cuenta el tamaño de las partículas (recuerda que un tamaño grande es protector y un tamaño pequeño es proaterogénico) su predice mejor la enfermedad cardiovascular.

Esto es muy importante, ya que comenzamos a desvelar el enorme error cometido en las analíticas sanguíneas. Cuando en ellas se refleja el nivel de LDL, solo se habla del colesterol contenido en las lipoproteínas LDL, pero al mismo nivel de colesterol en LDL podrían presentarse dos escenarios:

  1. Un gran número de partículas pequeñas (perjudiciales) transportan esa cantidad de colesterol; o
  2. Un pequeño número de partículas grandes (protectoras) transportan esa misma cantidad de colesterol.

Es decir, si volvemos a la analogía de los barcos, la misma mercancía puede ser transportada por una flota de pequeños barcos que podrían naufragar con facilidad si hay tormenta (escenario uno), o por un gran transatlántico, inmune a los elementos (escenario dos).

Por ello los niveles de colesterol LDL predicen mucho peor el riesgo cardiovascular que la medición del número de partículas LDL. En consecuencia, los investigadores han propuesto nuevos indicadores predictores. Aunque hay varios, voy a hablar de colesterol no HDL, de Apo B y del ratio TG/HDL. Cómo verás, están muy interrelacionados.

Cuando decimos colesterol no HDL nos referimos al total de colesterol transportado lipoproteínas sanguíneas que no son HDL, es decir, a la suma del colesterol transportado en VLDL, IDL, LDL y quilomicrones.

Este indicador (colesterol no HDL) se demostró superior a simplemente tener en cuenta el nivel de colesterol LDL en una muestra de más de 12.000 pacientes. Otro estudio confirmaba la misma hipótesis, y además añadía que un bajo nivel de colesterol LDL con altos niveles colesterol no HDL es marcador de alto riesgo cardiovascular.

Este último estudio valoraba además el segundo indicador que te he mencionado arriba: Apo B. Apo B es la proteína sobre las que se forman las lipoproteínas LDL, IDL, VLDL y quilomicrones. Y, a diferencia del colesterol total LDL que puede indicar muchas o pocas partículas, altos niveles de Apo B solo pueden reflejar una cosa: un gran número de partículas LDL. El escenario proaterogénico del que te he hablado.

En esta línea, multitud de revisiones han demostrado que colesterol no HDL o Apo B son indicadores mucho mejores a la hora de predecir riesgo cardiovascular que colesterol LDL.

Además, las personas con LDL pequeñas muestran niveles más altos de triglicéridos (TG), los cuales van transportados en lipoproteínas con Apo B. La hipertrigliceridemia es, como te dije en el artículo sobre la dislipemia, el factor primario que facilita la disminución del tamaño de LDL y del colesterol HDL. Y es aquí donde aparece el tercer indicador: el ratio TG/HDL. El ratio aumentará al aumentar TG, LDL o ApoB, indicando partículas LDL más aterogénicas.

Para resumir el apartado, colesterol LDL no es un buen indicador de riesgo cardiovascular. Apo B en primer lugar, y después colesterol no HDL y el ratio TG/HDL son mejores indicadores de riesgo cardiovascular.

Conclusión

Cómo espero haberte hecho entender, el problema de la epidemia de enfermedad cardiovascular que sufrimos actualmente no es una partícula llamada LDL. El problema es la inflamación, el estrés oxidativo y la hiperglucemia que nos afectan de forma crónica debido a que nos hemos alejado de la alimentación, el movimiento y en general el comportamiento que nuestro cuerpo espera.

Como consecuencia, se daña el endotelio vascular y se dañan las partículas que circulan por nuestro torrente sanguíneo, causando problemas a largo plazo.

Por ello, si cambias de hábitos, eliminas la inflamación y corriges el estrés oxidativo y la hiperglucemia crónicas, mediante una correcta alimentación, una actividad constante en el tiempo y unos buenos horarios, no tendrás que preocuparte más del LDL. Si quieres, te ayudo.

 

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