Microbiota y diabetes

Contenido del artículo

        • Microbiota en obesidad y diabetes
        • Permeabilidad intestinal en obesidad y diabetes
        • Qué influye en la microbiota
        • Probióticos y prebióticos en diabetes
        • Conclusión

Cuando hablamos de microbiota, hacemos referencia al conjunto de microorganismos que conviven con nosotros en nuestro cuerpo, ya sea en la piel, la boca o el intestino. Concretamente esta último ha sido llamada de forma tradicional flora intestinal.

Se calcula que la microbiota normal de una persona pesa alrededor de 2 kg, y que la cantidad de genes que contienen es más de 150 veces mayor que el genoma humano. Estos datos te los doy para que te des cuenta de su importancia.

Cuando el bebé está dentro de la barriga de la madre ya sucede una primera colonización por parte de estos microorganismos, la cual se potencia en el momento del parto y en los primeros días de vida del bebé.

La microbiota tiene una influencia brutal sobre distintas funciones del organismo, incluyendo el metabolismo, el sistema inmune e incluso el desarrollo social.

En la actualidad un sinfín de investigaciones se están centrando en la microbiota para intentar entender qué papel juega la microbiota exactamente en multitud de enfermedades y qué podemos hacer nosotros para modular esta microbiota y mejorar la salud de las personas.

Como no podía ser de otra forma, la microbiota también está relacionada con los distintos tipos de diabetes. Vamos a verlo.

Microbiota en obesidad y diabetes

La microbiota de personas con obesidad y la de personas con diabetes (de cualquier tipo) es distinta a la de las personas sanas. Esto es lo que nos dicen multitud de estudios.

Este tipo de personas presentan microbiotas más pobres, es decir, con menos diversidad, y con un perfil de bacterias distinto, con una mayor presencia de géneros, especies y cepas proinflamatorias que población sana.

Se ha observado que la microbiota de personas con obesidad extrae una mayor cantidad de energía de los alimentos ingeridos. Por ejemplo, se han realizado estudios en ratones libres de microbiota, a los que se les ha trasplantado la microbiota de ratones delgados o de ratones obesos.

El resultado fue que aquellos ratones con la microbiota de ratones obesos acumulaban más grasa que aquellos con la de ratones delgados, pese a consumir exactamente las mismas calorías.

Respecto a la microbiota de personas con diabetes hay mucho de lo que hablar. En aquellos con diabetes tipo 1, se han observado cambios en la composición de la microbiota aproximadamente 6 meses antes del comienzo de la enfermedad, lo que podría ayudarnos a predecirla.

Entre otros, se observaron cambios en la distribución de los filos principales de bacterias y una menor cantidad de bacterias productoras de butirato y degradadoras de mucina (ambas relacionadas con una buena salud).

En diabetes tipo 2 y diabetes gestacional también se han registrado disminuciones en la diversidad de la microbiota y aumento de aquellas especies con efectos perjudiciales. Además, esto es muy importante, esta microbiota alterada en las madres gestantes se transmite a los hijos recién nacidos.

Además, presentaban un aumento de la permeabilidad intestinal, hecho que también tiene lugar en personas con diabetes tipo 2 y obesidad. Te explico qué es esto.

Permeabilidad intestinal en obesidad y diabetes

El intestino debe estar lo suficientemente sellado como para que no lo atraviesen toxinas, bacterias o partículas alimentarias hacia el organismo. La permeabilidad intestinal puede verse alterada por distintos factores, como modificaciones de la microbiota, alteraciones en la capa protectora de moco o daño en la capa interna intestinal (epitelio).

Cuando hay un aumento de la permeabilidad intestinal, significa que las uniones que lo mantenían sellado se han debilitado, dejando espacios y facilitando que distintas partículas lo atraviesen, como toxinas generadas en la propia microbiota, como el lipopolisacárido (LPS).

Este LPS, elevado en pacientes con diabetes, además de demostrar el aumento de la permeabilidad intestinal, es detectado por el organismo como lo que es, un peligro y un agente invasor.

Provoca por tanto la activación del sistema inmune, y como consecuencia contribuye a la instauración de la inflamación crónica de bajo grado, de la que ya os he hablado, y a la aparición de la famosa resistencia a la insulina.

Esto se demostró en un estudio en ratones a los que se les suministró de forma continua este LPS. La consecuencia fue que desarrollaron inflamación y diabetes. En otro, se observó que la presencia de ADN bacteriano en la sangre de personas sanas sirvió como predictor del desarrollo de diabetes y de la acumulación de grasa visceral. ¿Qué te parece?

Otro aspecto importante es que las personas con diabetes presentan una menor proporción de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, en concreto de butirato.

Este butirato se merece un artículo para él solo (llegará), pero de momento conténtate con saber que tiene potentes acciones antiinflamatorias, y entre otras acciones contribuye a disminuir la permeabilidad intestinal, que como hemos visto está aumentada en este tipo de pacientes, y a mejorar el control glucémico.

En fin, para resumir esta parte, una microbiota perjudicial causa un aumento de la permeabilidad intestinal, que favorece la introducción de toxinas en el organismo, lo que provoca un aumento de la inflamación crónica y la resistencia a la insulina, que a largo pueden hacer que una persona desarrolle patologías como Diabetes o Alzheimer.

La pregunta obligada es, ¿Qué podemos hacer para cambiarla?

Qué influye en la microbiota

Por una lado, la microbiota de una persona queda normalmente definida cuando cumplimos 2 años. Es decir, desde que estamos en el útero de nuestra madre hasta que cumplimos los 2 años, la microbiota va creciendo y enriqueciéndose en cantidad y variedad, y más o menos a esa edad ya tenemos una foto de cómo será en gran parte nuestra microbiota durante el resto de nuestra vida.

De ahí que el parto natural, la lactancia materna o evitar el consumo temprano de antibióticos sean aspectos muy influyentes sobre la salud de la que gozaremos el resto de nuestra vida, ya que tienen un impacto enorme sobre la microbiota.

Por el otro lado, sabemos que nuestros hábitos también modulan nuestra microbiota y aspectos como el estrés, las horas de sueño, el ejercicio físico y sobre todo la dieta tienen una gran influencia sobre ella. Estudios señalan que en solo 3 días de mala dieta comienzan a detectarse cambios en nuestra microbiota.

Con mala dieta, nos referimos a estilos de dieta occidentales (con un alto consumo de harinas refinadas, azúcares y aceites refinados), ya que tiene profundos efectos perjudiciales sobre la composición de la microbiota.

Se ha observado que personas con este tipo de dieta tienen un perfil de microbiota mucho más proinflamatorio que aquellos con un gran consumo de fibra, fermentados lácteos y agua (en sustitución de refrescos), considerado el perfil más saludable ya que demostraba una mayor diversidad de bacterias y una composición antiinflamatoria.

Si has seguido (o sigues) una mala dieta no debes preocuparte. La buena noticia es que estos cambios son reversibles con una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y alimentos fermentados.

Otro factor que nos puede ayudar a mejorar nuestra microbiota es la pérdida de peso, que también se asocia con cambios saludables en la microbiota, incluso si la hemos conseguido mediante cirugía bariátrica.

No podemos dejar de hablar del ejercicio físico, que no solo ha demostrado que aumenta la diversidad de la microbiota, sino que también disminuye la permeabilidad intestinal.

Para terminar este apartado, vamos a mencionar 5 fitoquímicos que podemos incorporar a nuestra dieta habitual y que han demostrado que contribuyen a disminuir la permeabilidad intestinal y a aumentar la diversidad de la microbiota:

  • Curcumina: presente en la cúrcuma, una raíz muy utilizada en la cocina hindú.
  • Quercetina: presente en el ajo y la cebolla.
  • Kaempferol: presente en multitud de especies: té verde, brócoli, coles de bruselas, manzana y uva, entre otras.
  • Naringenina: presente en el pomelo, la naranja y la piel del tomate.
  • Epigallocatequina galato (EGCG): presente en el té verde.

Probióticos y prebióticos en diabetes

Si he hablado de la importancia de la microbiota y de como podemos intentar modularla para mejorar nuestra salud, no podía terminar el artículo sin hablar de esta pareja, ya que son 2 formas de intentar alterar la microbiota intestinal de forma directa.

Cuando hablamos de probióticos, hacemos referencia a microorganismo vivos que administrados en la dosis adecuada ejercen efectos beneficiosos sobre la salud.

Los prebióticos, en cambio, son alimentos no digeribles que sí pueden ser aprovechados por la microbiota intestinal a modo de comida y con una influencia positiva sobre la microbiota. Es decir, los prebióticos son fibra fermentable.

Atendiendo a los estudios con probióticos, normalmente se utilizan distintas cepas del género Lactobacillus y otras tantas del género Bifidobacterium. Resulta llamativo que utilizados de forma aislada no suelen mostrar un gran efecto beneficioso.

En cambio, cuando se administran dentro de un yogurt o de una bebida que también contiene prebióticos, se observan mejores resultados, quizá por el efecto protector de estas sustancias sobre el microorganismo vivo. Por ejemplo, se han registrado disminuciones de los niveles de glucosa en ayunas, mejoras en el perfil lipídico y en la sensibilidad a la insulina.

Resultados más consistentes se han obtenido al suministrar prebióticos, que alimentan nuestra propia microbiota. En un estudio en diabéticos tipo 1, se demostró que el consumo de prebióticos disminuyó la permeabilidad intestinal y aumentó la cantidad de insulina liberada por el páncreas, además de un aumento de las bacterias beneficiosas. En el grupo control, en cambio, se registró un aumento de bacterias perjudiciales.

En pacientes con diabetes tipo 2, estudios con prebióticos han demostrado una mejora de la glucemia en ayunas, de los niveles de hemoglobina glicada y un alivio de la resistencia a la insulina junto a una menor liberación de insulina. Además, reducen los niveles de LPS, la inflamación asociada y aumentan los niveles de butirato.

Conclusión

La microbiota tiene una influencia mucho más grande de lo que pensamos sobre nuestra salud. Muchas de las investigaciones actuales van dirigidas a estudiar cómo podemos modularla para tratar enfermedades.

El ejercicio físico, la gestión del estrés, las horas de sueño y especialmente la dieta son claves para mantener una microbiota saludable. El consumo de probióticos y sobre todo de prebióticos podría ser de gran utilidad para la mejora de la clínica asociada a la diabetes, un complemento barato y eficaz que potencie los cambios en nuestros hábitos necesarios para mejorar nuestra salud.

 

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