Depresión y diabetes

Contenido del artículo

      • Relación entre depresión y diabetes
      • ¿Por qué aparece la depresión?
      • Tratamiento de la depresión en diabetes
      • Conclusión

La depresión es una de las enfermedades más extendidas en la población occidental. Se calcula que casi un 20% de los estadounidenses ha sufrido o sufre actualmente depresión, y cifras similares se observan en países europeos.

Igual que en el caso de la diabetes, la incidencia depresión es cada vez mayor en la población. Es más, distintos estudios apuntan a que sufrir depresión predispone a la aparición de diabetes, y lo mismo en sentido contrario, sufrir diabetes predispone a desencadenar síntomas de depresión.

Las preguntas que nos surge son obvias: ¿Qué relación hay entre la depresión y la diabetes? ¿A qué se debe esta relación bidireccional? Y, por último, ¿Qué podemos hacer?  Voy a intentar responder a estas cuestiones.

Relación entre depresión y diabetes

La relación que nos puede resultar más evidente es la de la depresión con la diabetes tipo 1. Al fin y al cabo, es una enfermedad sin cura, que nos acompañará toda la vida y que puede suponer un gran estrés mental, sobre todo al inicio de su aparición.

De hecho, las guías internacionales para el tratamiento de la diabetes tipo 1 aconsejan un reconocimiento del estado psicológico para prevenir la aparición de depresión o tratarla en caso de que esté presente.

Y es que la aparición de síntomas de depresión en pacientes con diabetes tipo 1 es frecuente, especialmente cuando aparece en la adolescencia o en la primera edad adulta, más que en la infancia.

La depresión se asocia en estos pacientes con peor control de los niveles de glucosa, mayor frecuencia de hipoglucemias y cetoacidosis y peor calidad de vida. Por ello que sea tan importante detectar los casos y tratarlos.

Por otro lado, la relación de la depresión con la diabetes tipo 2 no es tan evidente, aunque está igualmente presente. Y aquí viene la miga del artículo. La diabetes tipo 2 duplica el riesgo de desarrollar depresión. Y a la inversa, la depresión aumenta las probabilidades un 65% de desarrollar diabetes tipo 2.

La depresión predispone a la ganancia de masa grasa mediante múltiples mecanismos: peor elección de alimentos (no queremos cocinar y nos inclinamos por platos fáciles y productos dulces), disminución de la actividad física y del ejercicio, aislamiento social, empeoramiento de la calidad del sueño y el consumo de algunos antidepresivos empeora la tolerancia a la glucosa, especialmente cuando mayores dosis y por mayor tiempo sean. Todo esto forma un cóctel explosivo.

De ahí que numerosos estudios relacionen la depresión con la aparición de síndrome metabólico y diabetes tipo 2, pero también aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad por todas las causas.

Vamos a analizar ahora la relación contraria. ¿Por qué la diabetes tipo 2 predispone al desarrollo de depresión?

En primer lugar, los hábitos que se asocian con el desarrollo de síndrome metabólico y diabetes (mala alimentación, sedentarismo, estrés) también lo hacen con el de depresión. Por lo tanto, la evidencia apunta a una causa común que intermedia entre nuestros hábitos y la aparición de estas dos enfermedades.

¿Por qué aparece la depresión?

Vamos a ver distintos mecanismos que constituyen esta causa común que he mencionado antes.

En primer lugar, se observan problemas en la zona del hipotálamo que conducen a un aumento de la liberación de la hormona del estrés, el cortisol. Como sabrás, el cortisol provoca un aumento de la resistencia a la insulina y desencadena los procesos de inflamación.

En segundo lugar, la resistencia a la insulina cerebral podría estar involucrada. La insulina tiene un efecto neuroprotector y neuromodulador en el cerebro (es decir, protege a las neuronas y estimula su nacimiento). Como sabrás si leíste mi artículo sobre el Alzheimer, la inflamación tiene mucho que ver.

En línea con lo anterior, se ha observado que las personas con depresión tienen un hipocampo (región del cerebro) menor. Personas con diabetes tipo 2 también sufren una reducción de esta zona cerebral.

En tercer lugar, se ha detectado en pacientes con depresión la alteración de la microbiota (disbiosis). Esta disbiosis puede causar un aumento de la translocación de lipopolisacáridos que inducirán la activación del sistema inmune y de la inflamación.

En cuarto y último lugar, la inflamación crónica de bajo grado, que se caracteriza por una hiperproducción de radicales libres con el consecuente daño del ADN, mitocondrias, membranas celulares, etc.

Como consecuencia, los pacientes con depresión muestran altos niveles de peroxidación lipídica y una reducción en los niveles de nuestros antioxidantes internos, como el glutatión o la coenzima Q10.

En resumen, todo aquello que genera inflamación influye sobre el desarrollo de depresión. Como los malos hábitos que hemos visto más arriba, la alteración de los ritmos circadianos o el aumento de la permeabilidad intestinal.

¿Por qué la inflamación influye tanto en el desarrollo de depresión? Para responder a esta pregunta, debemos entender que la inflamación tiene (o tenía) siempre un papel agudo, es decir, breve. Había una infección o nos dábamos un golpe, y la inflamación provocaba un mayor flujo energético hacia el sistema inmune y la zona a reparar, disminuyendo el flujo de energía hacia otras zonas.

La disminución de las ganas de interactuar o movernos durante un breve lapso de tiempo era beneficioso para nuestra supervivencia a corto plazo, hasta solucionar la infección. Una vez resuelto el problema, desaparecía la inflamación y nuestros flujos energéticos volvían a la normalidad para poder realizar las actividades diarias.

Es decir, que cuando nuestro cuerpo estaba inflamado nos quitaba las ganas de hacer cosas para que toda la energía fuera destinada a los procesos de reparación del organismo.

El problema es que hoy en día estamos inflamados de forma crónica. Es decir, siempre estamos inflamados, por los motivos expuestos más arriba y tantas y tantas veces a lo largo de los artículos del blog.

La inflamación es por tanto causante de la aparición y establecimiento de los síntomas de depresión. Y este es el motivo por el que la depresión es más frecuente en personas que sufren de inflamación crónica, como pacientes con diabetes tipo 2, con Alzheimer o con fibromialgia.

No quiero decir que la inflamación sea la única causa. La genética, el ambiente social o situaciones muy estresantes pueden ser otros causantes del desarrollo de depresión. Pero sí es un actor importante que puede estar detrás de una cantidad considerable de casos de depresión.

Tratamiento de la depresión en diabetes

Como en pacientes con diabetes tipo 1, la presencia de depresión en diabéticos tipo 2 se relaciona con peores niveles de glucosa, una mayor resistencia a la insulina, mayor incidencia de complicaciones microvasculares y macrovasculares, una peor adherencia a la medicación y una mortalidad más de 2 veces mayor.

En consecuencia, el tratamiento efectivo de la depresión mejora el control glucémico en estos pacientes y reduce la mortalidad. Tanto la medicación a corto plazo como la terapia cognitivo conductual han demostrado cierta eficacia en este campo, aunque limitada.

Pero no nos conformemos con fármacos o con acudir a un profesional. Vamos a ver qué podemos hacer nosotros para ayudar en el tratamiento y dejar atrás la depresión.

Se ha observado que patrones considerados saludables, como el mediterráneo, han demostrado que protegen del desarrollo de depresión, mientras que patrones como la dieta occidental aumentan el riesgo.

Además, ciertos déficits nutricionales, como Omega-3, Magnesio, Zinc, Vitamina D o ciertas vitaminas del grupo B pueden causar la aparición de síntomas de depresión. Por ello una de nuestras primeras decisiones debe ser la de mejorar nuestra alimentación.

Distintas intervenciones han conseguido aliviar o reducir los síntomas de depresión, especialmente mediante el aumento de frutas, verduras, legumbres y frutos secos, todos ellos fuentes de fibra.

En el lado contrario, han fracasado aquellas intervenciones que intentaban mejorar los síntomas de la depresión mediante la reducción del consumo de carne. De hecho, distintas revisiones de estudios apuntan a mayores tasas de depresión entre población vegetariana y vegana.

Una vez tenemos claro que debemos seguir una dieta antiinflamatoria, con gran presencia de fuentes de fibra, pero sin abandonar el consumo de carne, vamos con el pescado.

Los ácidos grasos omega-3 se han demostrado eficaces para disminuir los síntomas de depresión, parece que debido a su poder antiinflamatorio. La mayor fuente de ácidos grasos omega-3 es el pescado azul.

Como no podía ser de otra manera, el ejercicio físico también tiene un papel protagonista. Aquellos con un nivel alto de actividad física tienen una menor probabilidad de desarrollar depresión que aquellos con menores niveles o sedentarios.

Una vez establecida, aquellos pacientes que realizan ejercicio ven aliviados los síntomas, incluso con una sola sesión. Un gran porcentaje de pacientes responden a la práctica deportiva habitual con una mejoría de la depresión, debido a su poder antiinflamatorio y su mejora de la autoestima y de la satisfacción personal.

Los beneficios se obtienen aunque la actividad practicada sea de intensidad leve, aunque se observan mayores beneficios con un nivel de intensidad moderado. En el lado contrario, una intensidad demasiado elevada podría ser contraproducente, al aumentar el nivel de estrés percibido.

Finalmente, unos cuantos suplementos han demostrado su eficacia tanto en la depresión como en la diabetes tipo 2. Estos son la cúrcuma, la creatina y el consumo de prebióticos junto a probióticos (en consonancia con los beneficios del aumento de fibra), llegando en algún estudio a mostrar efectos similares al del medicamento antidepresivo fluoxetina.

Conclusión

El mecanismo común por el que se desarrolla la diabetes tipo 2 y la depresión es el de la inflamación. Por ello, la intervención en el paciente con depresión en el que sospechemos que la inflamación puede ser el agente causante debe ir enfocada a luchar contra esta inflamación.

Para ello, cambios en la dieta, un aumento de la actividad física y el consumo de algunos suplementos se han demostrado eficaces en la mejoría de la depresión.

 

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