Dislipemia: qué es, causas y soluciones

Contenido del artículo

      • ¿Qué es la dislipemia?
      • Funcionamiento normal de los lípidos en sangre
      • ¿Cómo se desarrolla la dislipemia?
      • Cómo tratar la dislipemia
      • Conclusión

¿Qué es la dislipemia?

Esta entrada continúa con las manifestaciones asociadas al síndrome metabólico. (Te recomiendo leer la anterior entrada antes de continuar). Ya hablé de la hipertensión y le llega el turno a la dislipemia.

Hablamos de dislipemia cuando las partículas que transportan triglicéridos (grasa) y colesterol están fuera de valores normales. Normalmente, la dislipemia asociada al síndrome metabólico luce así:

  1. Triglicéridos (TG) elevados por encima de 150 mg/dL.
  2. Colesterol HDL (“el bueno”) por debajo de 40 mg/dL en hombres y 50 mg/dL en mujeres.
  3. Colesterol LDL (“el malo”) con valores semejantes a una persona saludable o ligeramente elevados. En cambio, el tamaño de partícula suele empequeñecerse, lo que lo hace más peligroso. Más adelante te explico el por qué.

Como ya imaginarás, la dislipemia se asocia a mayor riesgo cardiovascular y al desarrollo de diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. El cuento de nunca acabar.

A continuación, te voy a explicar cuál es el funcionamiento normal de los lípidos en sangre, por qué se da esta situación de dislipemia, y qué podemos hacer para resolver el problema.

Funcionamiento normal de los lípidos en sangre

Durante la digestión, las grasas (en forma de triglicéridos) y el colesterol de los alimentos se absorben y se empaquetan dentro de unas partículas llamadas quilomicrones. Se hace así porque, como sabrás, la grasa es inmiscible en agua, con lo que si el intestino absorbiera y soltara directamente las partículas grasas en la sangre (que es agua en un 90%) tendríamos un problema.

Por ello, el cuerpo sabiamente las empaqueta dentro de estos quilomicrones, que pueden circular por la sangre sin problemas y llegar a los distintos órganos y tejidos (como el muscular o el adiposo) y liberar su carga.

Parte de esta carga llega al hígado, además de otros ácidos grasos provenientes de zonas como el tejido adiposo, y allí se forman otras partículas muy similares a los quilomicrones, llamadas VLDL (por sus siglas en inglés very low density lipoprotein). Entre los quilomicrones y las VLDL se encargarán de suministrar estos triglicéridos a todo el organismo.

A medida que las VLDL van perdiendo carga (por haberla cedido a las distintas células del cuerpo) se reducen de tamaño, dando lugar primero a las partículas IDL (intermediate density lipoprotein) y finalmente al archiconocido LDL (low density lipoprotein) o colesterol “malo” (no me gusta este nombre). A su vez, los quilomicrones también irán reduciendo su tamaño, dando lugar a los llamados quilomicrones remanentes.

En personas saludables, el hígado se dedica a eliminar de la sangre estos quilomicrones remanentes y las partículas LDL, evitando así su acumulación y que provoquen efectos indeseables.

Por otro lado, supongo que habrás echado de menos a las partículas HDL o colesterol “bueno”. Estas partículas realizan la función contraria a las anteriores. Se encargan de recoger el colesterol sobrante de las distintas células del organismo y llevarlo al hígado para su reciclaje. De ahí que se considere perjudicial que sus valores sean bajos.

Fuente: Current concepts in triglyceride metabolism, pathophysiology, and treatment.

Antes de continuar, quiero aclarar que todas estas partículas de las que he hablado se engloban bajo el nombre de lipoproteínas, como habrás visto en los nombres en inglés, y que gran parte del control en estos procesos los ejerce la insulina. Por tanto, ya puedes imaginarte las consecuencias de la resistencia a la insulina.

¿Cómo se desarrolla la dislipemia?

Acabo de explicarte el funcionamiento de los lípidos en sangre en una persona saludable. Lamentablemente, hay personas en las que este sistema falla (normalmente a causa de obesidad y/o resistencia a la insulina. De hecho, aproximadamente el 90% de los diabéticos tipo 2 presentan dislipemia).

El acúmulo de grasa visceral que se da en la obesidad, la resistencia a la insulina en el tejido adiposo que impide el almacenaje de triglicéridos y el exceso en la ingesta diaria provocan un tráfico elevado de triglicéridos hacia el hígado. Este, para evitar su acumulación, fabrica un montón de partículas VLDL, que intentarán llevar este exceso de triglicéridos hacia las distintas células del cuerpo.

Las partículas VLDL competirán con los quilomicrones (que habrá más de lo normal a consecuencia de la resistencia a la insulina) para vaciar su contenido en triglicéridos, en unas células ya de por sí con los almacenes llenos y resistentes a la insulina. Por tanto, tenemos un gran número de quilomicrones y partículas VLDL cargadas ambas de triglicéridos. Ya está aquí la primera manifestación de la dislipemia: triglicéridos elevados.

Como las VLDL no pierden los suficientes triglicéridos como para ser recicladas por el hígado, intercambian parte de estos triglicéridos a cambio de colesterol de las HDL (este intercambio es normal, pero se ve aumentado en este estado). Estas HDL cargadas de triglicéridos serán rápidamente recicladas, disminuyendo así su número. Esta es la segunda manifestación de la dislipemia: bajos niveles de colesterol HDL.

Finalmente, el intercambio entre LDL y HDL de triglicéridos y colesterol, y la resistencia a la insulina (de nuevo), que impide el adecuado reciclaje de LDL, provoca que estas partículas sean cada vez más pequeñas y densas, y pasen más tiempo en la sangre para intentar vaciar su contenido todavía elevado en triglicéridos, lo que facilita su oxidación y que sean captadas por macrófagos, desencadenando los procesos de aterosclerosis tan directamente relacionados con problemas cardiovasculares. Esta es la tercera manifestación de la dislipemia: LDL pequeñas y densas.

Es decir, el colesterol LDL no es el problema. Es indispensable para la vida y cumple multitud de funciones. El problema es que la alteración del medio (debido a obesidad y resistencia a la insulina) provoca una transformación en las características de la lipoproteína, reduciendo su tamaño y aumentando su susceptibilidad a la oxidación.

Por ello, a igualdad de colesterol LDL en 2 pacientes, aquel que presente un mayor número de triglicéridos presentará un mayor riesgo cardiovascular. A su vez, aquel con bajo número de triglicéridos presentará bajo o ningún riesgo cardiovascular.

Para resumir, la resistencia a la insulina provoca:

  • Aumento del número de quilomicrones.
  • Aumento de la lipólisis en el tejido adiposo que causa un aumento del número de VLDL.
  • Disminución del reciclaje de quilomicrones, VLDL y LDL.
  • Aumento del reciclaje de HDL.
  • Aumento del número de quilomicrones remanentes y LDL pequeñas, ambas susceptibles a la oxidación y susceptibles de originar procesos de aterosclerosis.

No podemos olvidar que la dislipemia, aunque normalmente sea causada por esta resistencia a la insulina que hemos visto, también puede tener un origen secundario derivado de: hipotiroidismo, enfermedad obstructiva hepática, síndrome nefrótico, fallo renal y abuso de tabaco y alcohol, además de la toma de ciertos medicamentos (corticosteroides, esteroides androgénicos, progestágenos, tiazidas (diuréticos), β-bloqueantes, estrógenos orales y derivados del ácido retinoico).

Este origen es minoritario, pero siempre debe tenerse en cuenta. Por ello es tan importante la entrevista inicial en todos los pacientes.

Cómo se trata la dislipemia

Los cambios en el estilo de vida mejoran a la vez todos los signos del síndrome metabólico: la resistencia a la insulina, la hipertensión, y como no podía ser menos, la dislipemia.

Nuestro objetivo con el tratamiento será múltiple:

  1. Reducir el número de triglicéridos.
  2. Aumentar los niveles de colesterol HDL.
  3. Aumentar el tamaño de la partícula LDL (no el número de partículas LDL).

La buena noticia es que, siempre que el tratamiento sea con cambios de estilo de vida y no con medicamentos, alcanzaremos los 3 objetivos a la vez. La vía para llegar a ellos es aquella que te he repetido incesantemente: la pérdida de masa grasa.

La pérdida de grasa tiene como consecuencia una rápida bajada en los niveles de triglicéridos. De hecho, se ha visto que una pérdida de peso del 10% tiene como consecuencia una reducción de los triglicéridos postprandiales de entre el 27 y el 46%.

Pero no todo será perder grasa. La mejora de los lípidos en sangre también se ve favorecida con dietas de baja índice glucémico y con dietas bajas en hidratos de carbono según varias revisiones y estudios.

No estoy diciendo que los lípidos en sangre no mejoren con una dieta alta en hidratos de carbono de buena calidad. De hecho, hay multitud estudios con mejoras en estos parámetros al seguir una dieta de corte mediterránea. Sin embargo, las mejoras son menores en comparación con dietas bajas en hidratos, especialmente en lo referente a la reducción en los niveles de triglicéridos.

Por otro lado, un mayor nivel de actividad (y por tanto de oxidación de grasas) también mejora todos estos parámetros, sin necesidad de pérdida de grasa. Esto se reflejó en un estudio donde se redujo el tiempo sentado en favor de más tiempo de pie y andando, y como resultado se redujeron los triglicéridos y LDL y aumentó el colesterol HDL.

Siguiendo con la actividad, cómo imaginarás, también se ha observado en diversos estudios que el entrenamiento de todo tipo mejora los niveles de lípidos sanguíneos: hay estudios con HIIT, con entrenamiento aeróbico y de fuerza. Respecto a cuál es mejor, las distintas revisiones no se ponen de acuerdo.

La gran mayoría de estas concluyen que los 3 tipos de entrenamiento dan lugar a los mismos beneficios, con mejoras de hasta un 20%, aunque hay alguna que apunta a un efecto ligeramente mayor del entrenamiento aeróbico. Por ello, mi consejo es que practiques el que más te guste, porque, como siempre, la adherencia es clave.

Conclusión

Como espero haberte hecho entender, la dislipemia deriva de la resistencia a la insulina, factor clave en el síndrome metabólico. La mejor forma de tratarla, por tanto, es aumentando la sensibilidad a la insulina.

Para ello, un cambio de hábitos es indispensable. Si quieres, te ayudo.

 

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