Síndrome metabólico

Contenido del artículo

      • ¿Qué es el síndrome metabólico?
      • Causas del síndrome metabólico
      • Diagnóstico del síndrome metabólico
      • Reversión del síndrome metabólico
      • Conclusión

La primera vez que escuché este término me cautivó. No sabría dar el motivo, pero la denominación me pareció fascinante. Desde que empecé a estudiar sobre él, esta fascinación solo hizo que aumentar.

Sus otros nombres son igual de hipnóticos: síndrome X, síndrome de Reaven (en honor al primero en describirlo), síndrome de resistencia a la insulina y, el mejor de todos: “el cuarteto mortal”.

Como habrás adivinado por uno de los nombres anteriores, el síndrome metabólico está fuertemente relacionado con la resistencia a la insulina y por tanto con la diabetes, especialmente con la diabetes tipo 2. También está asociado con otras enfermedades como las cardiovasculares o las neurológicas.

Estoy seguro de que has oído hablar de él, pero si no, te lo presento. Vamos allá.

¿Qué es el síndrome metabólico?

El nombre de síndrome metabólico hace referencia a un conjunto de factores de riesgo interrelacionados con la enfermedad cardiovascular (ECV) y la diabetes. Estos factores son hiperglucemias, hipertensión arterial, niveles elevados de triglicéridos, bajos niveles de lipoproteínas de alta densidad (colesterol HDL) y obesidad (particularmente adiposidad central).

Esta es la última definición de consenso sobre el síndrome metabólico, ya que ha habido un montón de definiciones diversas propuestas por distintas asociaciones como la Federación Internacional de Diabetes o la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos.

Una definición algo más de andar por casa (mía) sería la dada aquí: abarca un conjunto de síntomas que alertan de una mala salud, que van acompañados de inflamación crónica de bajo grado y de resistencia a la insulina y que en muchas ocasiones desembocan en el desarrollo de diabetes y enfermedad cardiovascular.

Los pacientes con síndrome metabólico tienen el doble de riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, y 5 veces más riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Causas del síndrome metabólico

Se ha demostrado que el síndrome metabólico se desarrolla a partir del acúmulo de grasa visceral. Esta es la grasa que se deposita en la zona abdominal, fuera del tejido adiposo subcutáneo, y que se suele disponer rodeando órganos como el hígado, el páncreas o el corazón.

Podríamos decir que el depósito de grasa visceral es el gatillo que conduce al síndrome metabólico. ¿De dónde sale esta grasa visceral? El acúmulo de grasa visceral aparece por (lo de siempre): comer en exceso y un bajo dispendio de energía como consecuencia de una vida sedentaria.

Esta grasa visceral libera ácidos grasos libres a la sangre, lo que provoca un aumento de la resistencia a la insulina. ¿Cómo lo hace? Te cuento.

Estos ácidos grasos libres llegan al hígado y producen un aumento de la síntesis de glucosa y de lípidos, ya que lo que interpreta el hígado es que le llegan ácidos grasos porque falta energía (ya que en una situación normal esto solo sucede en estado de ayuno).

Este exceso de glucosa y de ácidos grasos libres provoca resistencia a la insulina en el músculo (que disminuirá la captación de glucosa porque sus reservas estarán llenas) y en el tejido adiposo (que también será resistente a la insulina por la misma razón). Entre que el primero no capta la glucosa y que el segundo libera más ácidos grasos porque necesita vaciar sus reservas, tenemos la fiesta montada: la resistencia a la insulina se retroalimenta.

Como consecuencia de un aumento de la resistencia a la insulina, tendrán lugar diversos sucesos en el organismo:

  • Aumento de la hipertensión arterial debido a la mayor reabsorción de sodio en el riñón y de la activación simpática.
  • Aumento de la síntesis de triglicéridos en el hígado, que aumentará los niveles de las partículas LDL de baja densidad (fácilmente oxidables) y reducirá los de HDL. Con esto, la intención del organismo es transportar todos los triglicéridos posibles para ser oxidados (LDL) y disminuir los que vuelven al hígado (HDL), que ya está repleto.
  • Aumento de las partículas proinflamatorias como IL-6 y TNF-α. La primera aumenta la cantidad de fibrinógeno (relacionado con enfermedad cardiovascular) y aumentará la hipertensión. La segunda disminuye la adiponectina, un citoquina antiinflamatoria que intenta poner freno a todo esta cascada.
  • El páncreas trabajará a destajo para liberar más insulina que supere la resistencia que oponen las células del organismo. Con el tiempo desfallecerá y es cuando aparece la diabetes tipo 2.
  • Acúmulo de partículas grasas en el músculo, que provocará un aumento de radicales libres. Los radicales libres son partículas que provocan daño en las células ya que son muy oxidantes.
  • … Un largo etcétera de pescadillas que se muerden la cola y procesos que se retroalimentan.

Como síntesis, y de forma muy muy resumida, la grasa visceral causa el síndrome metabólico mediante la resistencia a la insulina y la inflamación crónica de bajo grado, que actúan de forma sinérgica, potenciándose mutuamente.

La inflamación y la resistencia a la insulina solían aparecer tras infecciones. Es la forma que eligió el organismo para potenciar el sistema inmune. El organismo responde de la misma forma al exceso calórico: como si fuera una enfermedad.

Bien, ahora que sabes como se desarrolla el síndrome metabólico, pasemos a ver cómo se diagnostica.

Diagnóstico del síndrome metabólico

Para diagnosticar síndrome metabólico en un paciente, este debe cumplir 3 de los siguientes 5 criterios:

Criterios Puntos de corte
Elevado perímetro de cintura ≥94 cm en hombres

≥80 cm en mujeres

*En población europea.

Triglicéridos elevados ≥150 mg/dL (1.7 mmol/L)
Colesterol HDL bajo <40 mg/dL (1.0 mmol/L) en hombre

<50 mg/dL (1.3 mmol/L) en mujeres

Hipertensión arterial Sistólica ≥130 y/o diastólica ≥85 mm Hg
Glucosa en ayunas elevada ≥100mg/dL

*El uso de cualquier medicación para controlar alguno de los criterios también es indicador.

Cuando hayas terminado de revisar la tabla, quiero que pienses en cuanta gente de tu alrededor cumple con varios de esos criterios. No es necesario que sean los 3 necesarios para el diagnóstico, 1 o 2 de esos criterios ya acarrean mayor riesgo para la salud y son un advertencias del cuerpo que nos indican algo no funciona como debería.

De hecho, se ha calculado que más de un tercio de la población europea cumple 3 de los criterios necesarios para el diagnóstico, cifra que se eleva al 50% para aquellos mayores de 60 años.

Estas son cifras que en nuestra realidad parecen normales. Son cosas del envejecimiento, pensamos. Es natural hacernos mayores y que se eleve el colesterol o algo la tensión.

Pero esta aparente normalidad salta por los aires cuando observamos qué pasa en sociedades ancestrales. Me refiero a poblaciones que siguen viviendo como hace cientos o miles de años.

Problemas como la hipertensión o la dislipemia son casi desconocidos en estas tribus. La diabetes tipo 2 es virtualmente inexistente. ¿No me crees?

Estudios en los indios Yanomamo del amazonas o los Kung de Botsuana no muestran aumento de la tensión arterial al envejecer, como si sucede en sociedades desarrolladas.

Otro realizado a más de 700 miembros mayores de 40 años de la tribu Tsimane, en Bolivia, expone que solo el 1% presentan colesterol elevado y solo alrededor del 4% muestran triglicéridos elevados.

No es que los miembros de estas sociedades tengan una genética privilegiada. Todo lo contrario. Cuando estos se mudan y viven como los habitantes de las sociedades occidentales, muestran todavía mayores tasas de síndrome metabólico. No son los genes, es el ambiente.

Creo que la idea ha quedado clara. El síndrome metabólico es una anormalidad en el ser humano, que se desarrolla en un entorno anormal de sedentarismo y mala alimentación. Vivimos en una disonancia continua entre lo que espera nuestro cuerpo y lo que recibe realmente.

Sin embargo, el síndrome metabólico se puede revertir. Si presentas alguno de los criterios (o todos), puedes recuperar tu salud. En el párrafo anterior tienes la solución al problema. Sí, puedes volver a leerlo. Pero lee entre líneas. ¿No te ha quedado claro? Vamos a verlo.

Reversión del síndrome metabólico

Supongo que ya sabrás lo que voy a decir, pero tengo que escribirlo igualmente. Venga, repite conmigo: “La única forma de revertir el síndrome metabólico es mediante un déficit calórico”.

Para ello, lo primero es adecuar nuestra ingesta a nuestras necesidades, tanto respecto a la energía que requerimos como respecto a los nutrientes. Debemos mejorar nuestra elección de alimentos. Te cuento en esta entrada como hacerlo.

Junto a ello, debemos aumentar nuestra actividad física, especialmente mediante el entrenamiento de fuerza. Una mejora de la masa muscular es clave en el proceso. De nuevo, te hablé aquí sobre ello.

Alimentación y ejercicio son 2 pilares fundamentales del proceso, pero no son los únicos. También es muy importante qué hacemos el resto del tiempo. ¿Has escuchado hablar de la actividad física no programada (NEAT por sus siglas en inglés)?

El NEAT hace referencia a toda actividad fuera de “nuestra hora de ejercicio”, es decir, engloba el tiempo que caminamos hacia el trabajo, el paseo por el supermercado, las escaleras que subimos al llegar a casa y el paseo en bici con tu pareja del domingo pasado.

El NEAT supone una parte importante de las calorías que nuestro organismo consume cada día, y es fácil de elevar con un poco de voluntad. De hecho, eso es lo que hicieron en un estudio con personas con sobrepeso y obesidad. En este estudio, los individuos disminuyeron el tiempo sentado y aumentaron el tiempo de pie y el tiempo que caminaban a baja intensidad. Sin más cambios.

El resultado fue una disminución de las necesidades de insulina de un 20%, un aumento de la sensibilidad a la insulina de un 16%, una disminución de los triglicéridos del 32% y del colesterol no HDL del 7%, y un aumento del colesterol HDL de también un 7%.

Obviamente no estoy diciendo que no hagas cambios en tu alimentación o que no practiques deporte, ya que con estar menos tiempo sentado es suficiente. Todo lo contrario. Lo que quiero decir es que todo ayuda a la hora de conseguir este déficit calórico que necesitamos, y que cuantas más herramientas pongamos a nuestra disposición más rápido y de forma más saludable conseguiremos nuestro objetivo.

Conclusión

El síndrome metabólico abarca un conjunto de signos que advierten de un desenlace más grave, como diabetes o enfermedad cardiovascular, aunque también tiene relación con cáncer o enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

En nuestra mano está ponerle remedio, porque ni la dislipemia, ni la disglucemia, ni la hipertensión son ni deberían ser normales. La solución no es simple, pero se puede conseguir. Te ayudo.

 

Referencias:

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ROCHLANI, Yogita, et al. Metabolic syndrome: pathophysiology, management, and modulation by natural compounds. Therapeutic advances in cardiovascular disease, 2017, vol. 11, no 8, p. 215-225.

SBRACCIA, Paolo; D’ADAMO, Monica; GUGLIELMI, Valeria. Is type 2 diabetes an adiposity-based metabolic disease? From the origin of insulin resistance to the concept of dysfunctional adipose tissue. Eating and Weight Disorders-Studies on Anorexia, Bulimia and Obesity, 2021, p. 1-13.

OLIVER, William J.; COHEN, Edwin L.; NEEL, James V. Blood pressure, sodium intake, and sodium related hormones in the Yanomamo Indians, a” no-salt” culture. Circulation, 1975, vol. 52, no 1, p. 146-151.

TRUSWELL, A. S., et al. Blood pressures of! Kung bushmen in Northern Botswana. American heart journal, 1972, vol. 84, no 1, p. 5-12.

KAPLAN, Hillard, et al. Coronary atherosclerosis in indigenous South American Tsimane: a cross-sectional cohort study. The Lancet, 2017, vol. 389, no 10080, p. 1730-1739.

DUVIVIER, Bernard MFM, et al. Benefits of substituting sitting with standing and walking in free-living conditions for cardiometabolic risk markers, cognition and mood in overweight adults. Frontiers in physiology, 2017, vol. 8, p. 353.

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