¿Qué causa la diabetes tipo 2?

Contenido del artículo

    • ¿Cómo se desarrolla la diabetes tipo 2?
    • ¿Cómo se almacena la grasa?
    • Consecuencias de la lipotoxicidad?
    • La resolución

En la anterior entrada expliqué en qué consistía la diabetes mellitus y cómo puede aparecer de distinta forma, dando lugar a los tipos 1, 2 y gestacional.

Dejé claro que la aparición de diabetes tipo 1 es de tipo autoinmune y que por el momento no dispone de cura. En cambio, sí dije que la diabetes tipo 2 es una enfermedad con posibilidad de reversión, es decir, que tiene cura.

No entré a valorar las causas de la aparición de la diabetes tipo 2, porque daba para una entrada completa, quizá más. Y eso es lo que te voy a contar aquí. Intentaré explicarte qué causa la diabetes tipo 2.

Lo primero, necesito aclarar que este es un tema extremadamente complejo, con multitud de factores (genéticos, metabólicos y ambientales) que interaccionan entre sí y a día de hoy todavía no se conoce exactamente el motivo por el cual se desencadena la enfermedad, por lo que en el futuro nuestra concepción y entendimiento de la patología podría cambiar.

A lo largo de los últimos 50 años (o más), se han ido sucediendo distintos postulados que si tienes interés abordaremos en una futura entrada para observar cómo ha ido evolucionando nuestro entendimiento sobre la enfermedad. Pero ahora voy a ir al grano, que hay mucho de qué hablar. 

¿Cómo se desarrolla la diabetes tipo 2?

La diabetes tipo 2 aparece cuando las células del páncreas productoras de insulina dicen basta (realmente no dicen nada, sino que van muriendo poco a poco y llega un momento en que no pueden producir suficiente insulina para controlar los niveles de glucosa en sangre). Pero esto no es causa, más bien es un desenlace inevitable que viene de lejos, como la caída del imperio romano (o la del imperio español, que nos pilla más cerca).

La visión actual es que la causa origen del desarrollo de diabetes tipo 2 es el acúmulo de partículas grasas, en concreto diacilgliceroles (DAG) y ceramidas, en lugares del organismo donde no deberían estar, como por ejemplo en el páncreas, en el hígado, o alrededor de otros órganos como el corazón o el estómago (a la acumulación de grasa en torno a los órganos se le denomina grasa visceral). También puede almacenarse en varias zonas del músculo, donde causan daño por distintos mecanismos.

A este fenómeno de acúmulo de partículas grasas donde (remarco) no deberían estar se le denomina lipotoxicidad.

Esta lipotoxicidad será la causa de la aparición de resistencia a la insulina a nivel muscular y hepático, de la aparición de hiperglucemias, muerte de las células β del páncreas (productoras de insulina de las que os he hablado antes), aterosclerosis y demás complicaciones que ya iremos viendo.

¿Cómo se almacena la grasa?

Llegados a este punto, te preguntarás: ¿En qué momento las partículas grasas o lípidos se van de parranda y se quedan por el cuerpo? Te lo diré, pero no vayamos tan rápido, déjame ponerte en contexto, y luego te lo cuento. Lo primero que debemos saber es que el tejido adiposo subcutáneo (también conocido como tejido adiposo blanco) es aquella zona del organismo donde se almacenarán las partículas grasas (en forma de triglicéridos) dentro de las células del tejido adiposo (adipocitos) para su posterior utilización en épocas de escasez o necesidad energética. Es decir, estos adipocitos actuarán como un almacén. Por ello, y a modo de curiosidad, los adipocitos son el único tipo celular que no presenta lipotoxicidad.

Pero este tejido no solo sirve para acumular energía en forma de grasa, sino que se trata de un tejido endocrino con funciones fisiológicas y metabólicas, como la liberación de leptina que tiene un rol importantísimo y que os presentaré en futuras entradas.

Ante una ingesta energética excesiva, es decir, cuando comemos en exceso, el tejido adiposo subcutáneo puede almacenar este exceso de dos formas distintas: aumentando el tamaño de cada uno de los adipocitos (hipertrofia) y/o creando más de estos adipocitos (hiperplasia). Es decir, aumentando el tamaño de los almacenes y/o creando más almacenes.

Si esta excesiva ingesta energética se mantiene en el tiempo, este tejido subcutáneo crecerá más y más. A partir de cierto nivel crítico de hipertrofia, el tejido se inflamará (aparece la conocida inflamación crónica de bajo grado) lo que desencadenará una disminución de la sensibilidad a la insulina en el tejido, falta de oxígeno (hipoxia), aumento de macrófagos y partículas proinflamatorias, aumento del estrés oxidativo, de la autofagia y de la muerte celular o apoptosis.

Por otro lado, la capacidad de hiperplasia de cada persona es la que dictará si sigue aumentando de tamaño la grasa subcutánea por producción de nuevos adipocitos (adipogénesis), o si por el contrario se acumulará en forma de grasa visceral.

Vuelve a leer el párrafo anterior, porque es muy importante. El hecho de que cada persona tenga una capacidad distinta de hiperplasia es lo que nos explica por qué hay sujetos delgados con diabetes tipo 2 y obesos sin diabetes.

Los diabéticos tipo 2 delgados presentan una distribución de lípidos ectópica (fuera de donde deberían estar) similar a la que presentan sujetos diabéticos tipo 2 con obesidad o sobrepeso. Es decir, todos comparten un factor común: han superado su umbral de acúmulo subcutáneo de triglicéridos y hay grasa donde no debería haberla (Lipotoxicidad, ¿recuerdas?).

Por tanto, respondiendo a la pregunta que pone título a esta entrada, y a modo de síntesis, el exceso energético es la causa primera que origina el desarrollo de diabetes tipo 2, ya que genera una distribución ectópica de lípidos que desemboca en lipotoxicidad.

Consecuencias de la lipotoxicidad

Una vez respondido a “qué lo hace”, vamos a intentar responder a cómo lo hace, aunque voy a intentar no aburrirte con mecanismos. Para ello, haré como Jack el destripador e iré por partes:

  • En el tejido adiposo, la excesiva hipertrofia genera un ambiente inflamatorio que causará resistencia a la insulina. Esto causa que libere demasiados ácidos grasos al resto de tejidos y órganos del organismo, excediendo la demanda y provocando su acumulación.
  • En el hígado, llegarán gran parte de estos ácidos grasos y se irán almacenando, provocando resistencia a la insulina (de nuevo) y con el tiempo puede llegar a provocar el conocido como hígado graso no alcohólico (NAFLD por su iniciales en inglés). A su vez, el hígado liberará estos ácidos grasos a la sangre en forma de colesterol (¿te suena?).
  • En el músculo, se acumularán estos ácidos grasos que provienen del hígado, generando resistencia a la insulina (otra vez, sí). Estos provocarán que disminuya la captación y utilización de glucosa de la sangre, lo que desencadena sus altos niveles plasmáticos (hiperglucemia). Por otro lado, en un intento de deshacerse de este acúmulo de moléculas grasas, las células musculares se centrarán en oxidarla para obtener energía de forma ineficiente, lo que provocará inflamación, estrés oxidativo y a la larga disminución en la capacidad de quemar estas partículas grasas y pérdida de masa muscular.
  • En el páncreas, también se acumularán estas partículas grasas (como no). De nuevo, generarán resistencia a la insulina y con el tiempo llevarán a la muerte de las células β. Se calcula que es cuando mueren alrededor del 50% de las células productoras de insulina cuando comienzan a aparecer los síntomas de la diabetes. Con el tiempo, cada vez morirán más células β, por lo que la gran mayoría de diabéticos tipo 2 de larga duración dejan de producir insulina y necesitan de insulina exógena.
  • En el corazón, el exceso de grasa provoca disminución de la capacidad contráctil, inflamación y estrés oxidativo, lo que desencadenará daño en el corazón (y todos sabemos ya en que puede acabar esto).
  • En el sistema circulatorio, los niveles altos de glucosa plasmática y de colesterol oxidado causan daño en las capas internas de los vasos sanguíneos y fomentan la aparición de placas de ateroma e hipertensión. Además, la resistencia a la insulina inhibirá la formación de óxido nítrico (NO), cuya función es regular la normal circulación de la sangre.

La resolución

Grosso modo, estas son las consecuencias de la lipotoxicidad, que no es ni más ni menos que la consecuencia de un exceso energético sostenido. En otras palabras, la diabetes tipo 2 surge por comer de más y moverse de menos durante mucho tiempo. Realizado el diagnóstico, vayamos al tratamiento: la pérdida de grasa. Para conseguirla, solo tenemos que hacer una cosa: comer de menos y moverse de más. Más fácil de decir que de hacer. Pero no hay otro camino.

La pérdida de grasa ectópica acumulada será la única vía por la que volveremos a disfrutar de niveles normales de glucosa, sensibilidad a la insulina, inflamación y estrés oxidativo. Limpiaremos nuestras células de las partículas grasas que las dañan y dejaremos que poco a poco se recuperen. Lo abordaré en una futura entrada.

 

Referencias:

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